José Martí, el más universal de los cubanos

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José Martí llega a este siglo calzado de esperanza, su impronta está en todas las razones que claman por ser mejores que ayer, está en esa suma de valores anudados a la esencia misma a favor del bien.

Cada vez que me detengo ante sí me descubro principiante en esa suerte de acercarme a su obra, ávida de lectura, de intercambio silencioso, de análisis.

Es preciso recurrir todos los amaneceres al legado que dejó como herencia a todas las generaciones que llegamos después. Es imprescindible.

Reconozco la necesidad de volver una y otra vez a sus escritos, esos que transpiran fineza, pasión, amor, pero también patriotismo, lealtad, principios. Lecciones para todos los tiempos.

Tanto necesitamos acercarnos a lo humanamente bello que fue capaz de fraguar, tanto necesitamos beber de la sabia de quien demostró que la virtud está en la utilidad que seamos capaces de dar a las mejores acciones y pensamientos, que llegar a Martí es como acudir al encuentro con el padre que siempre el mejor consejo.

A José Martí no podemos llegar con apuro; en la lectura que nos aguarda encontraremos la sensibilidad que lo viste, la espiritualidad que distinguió su manera de ser, el amor a los semejantes, a Cuba y a la humanidad, la dignidad misma que lo define universal, su vocación por el periodismo y su entrega a Patria, ese periódico que concibió y al cual entregó su alma.

Es menester encontrar al maestro, al hombre de visión extraordinaria, a la persona que supo despojarse de la comodidad para arroparse de sacrificios  por un ideal. Es impostergable ilustrarnos de su ejemplo.

Tenemos que aprender que la humildad ha de habitar como la luz, que la honradez y la sinceridad son alimentos imprescindibles, que la envidia, la intriga y la ambición jamás permitirán que crezcamos a plenitud como personas de bien.

Por José Martí corroboramos que la amistad no está en extinción, que hay que cultivarla, forjarla cada día para que germine y siempre pueble nuestras vidas.

Este día, vuelvo al más universal de los cubanos, más allá de la palabra que socorre para agradecer su valía, más allá del compromiso que dispone una crónica por este día que signa su prematuro adiós, porque  soy y seré su alumna insomne.

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