José Martí, desde ayer para hoy y mañana

mgonzalez@enet.cu

Para todos los días de la vida llegar a José Martí es acudir al alimento puro que enriquece el alma y fortalece el espíritu.

Al más ilustre de los cubanos no lo honraremos más por cuantos bustos  implantemos a nuestro alrededor sino por cuanto hagamos de bien y por cuanto seamos capaces de beber de su sabia y su imperecedero legado.

En la obra de José Martí, sea  un poema, una narración, un discurso político o una carta, encontraremos siempre un profundo contenido literario reflejo de su visión sobre los más disímiles temas y entre ellos, el referido a la mujer.

Quien acude a José Martí, como puntual alumno a clases, experimenta el dulcísimo respeto del héroe hacia la mujer; las misivas a su madre, Doña Leonor Pérez, muestran además conmovedores versos en los que el cariño, el respeto a su madre y el amor a Cuba se funden como una sola luz.

Al periódico Patria, órgano que creó en 1892, llevó el tema de la mujer manifiesto en numerosos artículos en los que su pensamiento distinguió el protagonismo femenino, a su decir: “La mujer, de instinto, divisa la verdad y la precede”. 

El Héroe Nacional reconocía la importancia de la presencia femenina y aseveraba:   “Las campañas de los pueblos solo son débiles, cuando en ellas no se alista el corazón de la mujer; pero cuando la mujer se estremece y ayuda, cuando la mujer culta y virtuosa unge la obra con la miel de su cariño, la obra es invencible”. 

Martí nos deja para este tiempo y el futuro el cuidadoso y exquisito respeto que apreció hacia la mujer desde su más prematura juventud hasta los últimos días de su vida.

He ahí enseñanza para ayer y mañana, he ahí la pauta para crecer como seres humanos en la perspectiva de reconocer y considerar a quienes no solo por delicadeza innata sino por merecimiento puro, escalan cada día el lugar que les corresponde.

Anticipado al tiempo, advirtió la necesidad de igualdad entre niños y niñas, como mirada futura, así lo dejó saber en La Edad de Oro: “Para los niños es este periódico, y para las niñas, por supuesto. Sin las niñas no se puede vivir, como no puede vivir la tierra sin luz. El niño ha de trabajar, de andar, de estudiar, de ser fuerte, de ser hermoso: el niño puede hacerse hermoso aunque sea feo; un niño bueno, inteligente y aseado es siempre hermoso. Pero nunca es un niño más bello que cuando trae en sus manecitas de hombre fuerte una flor para su amiga, o cuando lleva del brazo a su hermana, para que nadie se la ofenda: el niño crece entonces, y parece un gigante: el niño nace para caballero, y la niña nace para madre. Este periódico se publica para conversar una vez al mes, como buenos amigos, con los caballeros de mañana, y con las madres de mañana; para contarles a las niñas cuentos lindos con que entretener a sus visitas y jugar con sus muñecas; y para decirles a los niños lo que deben saber para ser de veras hombres”.

De la grandeza y sensibilidad de un hombre excepcional como José Martí se ha de aprender cada día, es esa la mejor manera de honrar al más universal de los cubanos.

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