José martí

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José Julián Martí Pérez (La Habana, 28 de enero de 1853Dos Ríos, 19 de mayo de 1895). Héroe Nacional de Cuba. Fue un hombre de elevados principios, vocación latinoamericana e internacionalista; intachable conducta personal, tanto pública como privada y con cualidades humanas que en ocasiones parecen insuperables. Un cubano de proyección universal que rebasó las fronteras de la época en que vivió para convertirse en el más grande pensador político hispanoamericano del siglo XIX.

Autor de una obra imprescindible como fuente de conocimientos y de consulta para todas las generaciones de cubanos y el contenido, estilo y belleza singular de los poemas, epistolario, artículos periodísticos, de todos los escritos y discursos que realizó lo sitúan como un intelectual de vasta cultura.

Organizador de la Guerra Necesaria

Estancia en Nueva York

El 3 de enero de 1880, próximo a cumplir los veintisiete años de edad, arriba José Martí a Nueva York. Desde su llegada entabla relaciones con importantes personalidades y patriotas que resultarán decisivas para lograr sus anhelados propósitos. Ya el día 9 del propio mes, por acuerdo unánime del Comité Revolucionario Cubano radicado en esta ciudad se le nombra vocal de esta destacada organización patriótica.

Techo, comprensión, colaboración y abrigo encuentra en la casa de Manuel Mantilla y Carmen Miyares. El hogar de esta familia cubana identificada plenamente con las luchas de nuestra independencia resultará el ambiente propicio para desarrollar en silencio la obra redentora.

Comienza una intensa labor de propaganda y de unidad de las fuerzas revolucionarias en el exterior. El joven Martí es invitado a dirigirles la palabra a sus patriotas emigrados. El 24 de enero de 1880 pronuncia su primer discurso en Steck Hall. Su profunda valoración de lo ocurrido en la pasada contienda y sus emotivas palabras que anuncian una nueva etapa revolucionaria, hacen vibrar el corazón de quienes no han aceptado la paz sin la independencia:

Los grandes derechos no se compran con lágrimas, -sino con sangre. Las piedras del Morro son sobrado fuertes para que las derritamos con lamentos, -y sobrado flojas para que resistan largo tiempo a nuestras balas. -¿Qué porvenir sombrío el de nuestra tierra si abandonamos a su esfuerzo a los bravos que luchan, y no nos congregamos para auxiliar, con la misma presteza y alientos con que se congregan ellos para combatir! (…) ¡Movéos y contentáos, muertos ilustres! –Antes que cejar en el empeño de hacer libre y próspera a la patria, se unirá el mar del Sur al mar del Norte, y nacerá una serpiente de un huevo de águila.

Diferentes Medios de prensa comienzan a hacerse eco de los postulados y las ideas que enarbola el recién llegado. Su magnetismo y carisma personal se apodera rápidamente de los corazones de veteranos luchadores y de los pinos nuevos. Su talento y hermosa prosa lo convierten en un periodista al que importantes medios de prensa le ofrecen sus páginas y le solicitan su colaboración.

El 26 de marzo de 1880, al partir la expedición del General Calixto García hacia Cuba, asume Martí la alta responsabilidad de conducir en calidad de presidente interino, el Comité Revolucionario Cubano, funciones que realiza hasta el 16 de junio en que asume dicha responsabilidad José Francisco Lamadriz.

Luego de poco más de seis meses de separación, el 3 de marzo se produce el reencuentro con su esposa y José Francisco, en Nueva York, con quienes puede compartir su vida personal por espacio de siete meses. Carmen decide regresar a La Habana. La entrega a la causa de la Revolución le impide a Martí dedicar a la familia el tiempo que reclama su esposa, quien no logra comprender la devoción de este por la libertad de su pueblo y el deber y la misión que Pepe, como cariñosamente le llamara, ha asumido ante historia patria. De esta manera, el 21 de octubre de 1880, ambos regresan a Cuba.

El 28 de noviembre del propio año nace María Mantilla, hija de Manuel Mantilla y Carmen Miyares, criatura que se convertirá con el pasar de los años en la niña idolatrada de Martí, cuyo retrato llevaría en su pecho el Maestro en los campos de Cuba libre, como un escudo protector contra balas.

Estancia en Venezuela

Se inicia el año 1881 para Martí con la decisión de probar suerte en Venezuela. El 21 de enero ya se encuentra en Caracas, la Jerusalén de los americanos, como él la llamara, y al anochecer

(…) sin sacudirse el polvo del camino, no preguntó dónde se comía ni se dormía, sino cómo se iba adonde estaba la estatua de Bolívar(…)

Imparte clases de Gramática francesa y Literatura en el colegio de Santa María, que dirige Agustín Aveledo y posteriormente se desempeña como profesor de literatura en el Colegio Villegas, donde establece la cátedra oratoria. Colabora con el periódico La Opinión Nacional de Caracas, utilizando como seudónimos M. de Z. en sus primeros trabajos. Funda más tarde la Revista Venezolana cuyo primer y único volumen sale a luz pública el 1 de julio de 1881 con sus treinta y dos páginas escritas por José Martí. En esta revista expone ideas que constituyen una manifestación de renovación literaria en Hispanoamérica. Desde su arribo a la tierra del Libertador, ha logrado establecer amistad con el venezolano Cecilio Acosta, sobre la muerte de este ilustre venezolano plantea:

Ha muerto un justo: Cecilio Acosta ha muerto. Llorarlo fuera poco. Estudiar sus virtudes e imitarlas es el único homenaje grato a las grandes naturalezas y digno de ellas. Trabajó en hacer hombres; se le dará gozo con serlo. ¡Qué desconsuelo ver morir, en lo más recio de la faena, a tan gran trabajador!

Sus manos, hechas a manejar los tiempos, eran capaces de crearlos. Para él el Universo fue casa; su Patria aposento; la Historia, madre; y los hombres hermanos(…)[4]

La ira del general presidente, estalla. Ante la firmeza de principios del cubano y el elogio a su conjurado enemigo personal, el 27 de julio, le ordena directamente a través de su edecán, abandonar la patria de Simón Bolívar

(…) los ideales enérgicos y las consagraciones fervientes no se merman en un ánimo sincero por las contrariedades de la vida. De América soy hijo: a ella me debo. Y de la América, a cuya revelación, sacudimiento y fundación urgente me consagro, ésta es la cuna; ni hay para labios dulces, copa amarga; ni el áspid muerde en pechos varoniles; ni de su cuna reniegan hijos fieles. Déme Venezuela en qué servirla: ella tiene en mí un hijo.[5]

Regreso a Nueva York

A bordo del Vapor Claudius llega a Nueva York el 10 de agosto de 1881 con un objetivo central totalmente definido: organizar la denominada Guerra Necesaria. En estos largos y trascendentales años de su vida, su figura alcanza una dimensión que sobrepasa las fronteras del continente americano. Resaltan en todo su esplendor sus brillantes dotes como periodista, literato, poeta, diplomático, maestro y sociólogo. Nada escapa a su pluma del desarrollo de la sociedad norteamericana y nadie logra como él, vislumbrar las secuelas escondidas tras la explotación desmedida de los monopolios, la impetuosa y excesiva acumulación de riqueza en manos capitalistas y la critica situación de miseria y abandono en que se encuentran sumidos el indio y el obrero americano.

Describe con bellos matices los méritos y logros de este industrializado país, la vida de sus hombres ilustres y los aciertos y desaciertos de su política interna y externa. Con sentido realista alerta sobre los peligros que el egoísmo y la violencia van engendrando en una sociedad que trae en sus entrañas un naciente y pujante imperio.

A pocos días de la llegada inicia las colaboraciones con La Opinión Nacional, de Caracas; un año más tarde con La Nación, de Buenos Aires y posteriormente con La América, de Nueva York, El Partido Liberal de México, y La República de Honduras.

Incansable resulta su incesante labor revolucionaria. A mediados de 1882 solicita a los generales Gómez y Maceo sus opiniones acerca del trabajo revolucionario que ha emprendido.

Su labor como diplomático, la inicia en mayo de 1884, al asumir las funciones de cónsul interino de la República Oriental del Uruguay, en ausencia de Enrique Estrázulas, cargo al que se ve precisado a renunciar meses más tarde para evitar que España pueda acusar a este hermano país de brindarle apoyo a su labor conspirativa por la independencia cubana. De especial significación y trascendencia resultan las entrevistas sostenidas en Nueva York con los generales Gómez y Antonio Maceo, quienes defienden un proyecto independentista al que se ha sumado el Maestro. En su carta a Máximo Gómez de fecha 20 de octubre de 1884, luego de una profunda meditación, le comunica su decisión de abandonar esa causa y se pronuncia contra el inicio de una guerra revolucionaria improvisada, sin una adecuada preparación de sus objetivos y una previa y sincera declaración pública de los principios que animan a los servidores heroicos que la convocan. Le argumenta al querido General, las razones y conveniencia de renunciar a este propósito que estaría desde sus inicios condenado al fracaso.

Yo tuve puesto en mi padre un orgullo que crecía cada vez que en él pensaba. Por que a nadie le toco vivir en tiempos más viles ni nadie a pesar de su sencillez aparente salió más puro en pensamiento y obra, de ellos.
¡Jamás, José, una protesta contra esta austera vida mía que privó a la suya de la comodidad de la vejez!

Por sus sobresalientes cualidades que ya lo distinguen entre los más destacados servidores del continente, el 16 de abril de 1887, es nombrado Cónsul General de la República Oriental del Uruguay en Nueva York. Una profunda alegría recorre su cuerpo cuando a fines de noviembre de ese año su madre le estrecha entre sus brazos al llegar a Nueva York y recibe de sus manos el anillo con la palabra CUBA impresa en grandes letras, encargo realizado por él a su amigo Agustín de Zéndegui y realizado con un eslabón del grillete que llevara en presidio.

El 16 de marzo de 1889, TheManufacturer, de Filadelfia, publica el articulo ¿Queremos a Cuba? en el que de una manera abierta y mal intencionada insulta y ofende a Cuba. Días más tarde, TheEvening Post, se hace eco del mencionado insulto. Ofendida la dignidad del pueblo cubano no se hace esperar la rápida y contundente respuesta de quien lleva en sí el decoro de muchos hombres. Vindicación de Cuba, constituirá una riposta ejemplar que publica en este último diario neoyorquino, el 25 de marzo de 1889:

No somos los cubanos ese pueblo de vagabundos míseros o pigmeos inmorales que a TheManufacturer le place describir; ni el país de inútiles verbosos, incapaces de acción, enemigos del trabajo recio, que, junto con los demás pueblos de la América española suelen pintar viajeros soberbios y escritores. Hemos sufrido impacientes bajo la tiranía; hemos peleado como hombres, y algunas veces como gigantes para ser libres; estamos atravesando aquel período de reposo turbulento, lleno de gérmenes de revuelta, que sigue naturalmente a un período de acción excesiva y desgraciada; tenemos que batallar como vencidos contra un opresor que nos priva de medios de vivir, y favorece, en la capital hermosa que visita el extranjero, en el interior del país, donde la presa se escapa de su garra, el imperio de la corrupción tal que llegue a envenenarnos en la sangre las fuerzas necesarias para conquistar la libertad. Merecemos a la hora de nuestro infortunio, el respeto de los que no nos ayudaron cuando quisimos sacudirlo

Los meses de julio, agosto, septiembre y octubre de 1889 serán testigos de la circulación limitada de una revista única en su género, La Edad de Oro, editada por A. Da Costa Gómez, amigo del Maestro. Llena de ternura y amor por los niños y de gran valor formativo para las nuevas generaciones latinoamericanas, una revista diseñada para:

(…) conversar una vez al mes, como buenos amigos, con los caballeros de mañana, y con las madres de mañana; para contarles a las niñas cuentos lindos con que entretener a sus visitas y jugar con sus muñecas; y para decirles a los niños lo que deben saber para ser de veras hombres.

Una amena e interesante publicación que les permite a niños crecer con una cultura útil para la vida y para la patria, de los episodios narrados en La Ilíada de Homero, y otros cuentos que forman parte de la cultura nacional:

(…) A unos nos ha echado aquí la tormenta; a otros, la leyenda; a otros, el comercio; a otros la determinación de escribir, en una tierra que no es libre todavía, la última estrofa del poema de 1810; a otros les mandan vivir aquí, como su grato imperio, dos ojos azules. Pero por grande que esta tierra sea, en que nació Lincoln, para nosotros, en el secreto de nuestro pecho, sin que nadie ose tachárnoslo ni nos lo pueda tener a mal, es más grande, porque es la nuestra y porque ha sido más infeliz, la América en que nació Juárez.

El 24 de julio de 1890 es nombrado Cónsul de la República Argentina en Nueva York y seis días más tarde del Paraguay en la misma ciudad. El 23 de diciembre el gobierno de Uruguay lo designa su representante en la Comisión Monetaria Internacional. A estos países los representará dignamente hasta octubre de del año siguiente en que renuncia, para poderse dedicar por entero, a las tareas de la independencia y para no comprometer en dicho propósito a estos pueblos hermanos.

Se inicia el año 1891 con la publicación del ensayo Nuestra América, en la Revista Ilustrada de Nueva York, que por el profundo contenido latinoamericano y hermosa prosa, reedita el periódico El Partido Liberal, de México, treinta días más tarde.

En abril, arriban a Nueva York su esposa Carmen Zayas-Bazán junto a su hijo José Francisco que se encuentra próximo a cumplir los trece años de edad. Cuatro meses más tarde, de manera sorpresiva e inusual y en estrecha relación con Enrique Trujillo, solicita, a través de este, al Consulado Español en esa ciudad, despacharan sus pasaportes con la mayor urgencia posible hacia La Habana. La noticia, la forma oculta de los hechos y el desleal servicio del periodista y propietario de El Porvenir, conmueven al Maestro, quien jamás los volverá a ver y le retira su amistad al indigno compañero.

En agosto son editados los Versos Sencillos, los que salieron de su alma angustiada en las montañas de Catskill, en agosto del año anterior, cuando el médico le indicó el necesario reposo para recuperar su salud seriamente afectada, más el solo piensa en la libertad de su patria. Los resultados de una sostenida labor de propaganda y a favor de la unidad de los cubanos han posibilitado intensificar toda la labor de organización revolucionaria para la creación del partido. Pronuncia diversos e importantes discursos entre los que se destacan el ofrecido en el Liceo Cubano de Tampa el 26 de noviembre de 1891, en el que convoca a todos sus compatriotas a poner:

(…) alrededor de la estrella, en la bandera nueva, esta fórmula del amor triunfante: Con todos, y para el bien de todos, uno de cuyos principios enunciados forma parte hoy de nuestra Constitución (…) yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre.

Mensaje de aliento y llamado a la unidad de todos los compatriotas que viven en el exilio lo es el discurso conocido por Los Pinos Nuevos, que un día después, pronuncia en conmemoración del vigésimo aniversario del Fusilamiento de los ocho estudiantes de Medicina:

Rompió de pronto el sol sobre un claro del bosque, y allí, al centelleo de la luz súbita, vi por sobre la hierba amarillenta erguirse, en torno al tronco negro de los pinos caídos, los racimos gozosos de los pinos nuevos: ¡Eso somos nosotros: pinos nuevos!

Le despiden al día siguiente los emigrados en un emotivo mitin, en el que dan a conocer públicamente las Resoluciones acordadas con él por los revolucionarios de Tampa, consideradas las bases del Partido Revolucionario Cubano.

Los albores de 1892 anuncian el advenimiento de importantes momentos históricos para el proceso revolucionario. A solo cinco días de iniciado el año en asamblea de representantes de la emigración son aprobados en Cayo Hueso, las Bases y los Estatutos secretos del Partido Revolucionario Cubano.

El 14 de marzo aparece el primer número de Periódico Patria, vocero de la emigración, con el propósito de intensificar la campaña de propaganda a favor de la independencia. Sobre el nacimiento del periódico escribe:

A la hora del peligro, para velar por la libertad, para contribuir a que sus fuerzas sean invencibles por la unión, y para evitar que el enemigo nos vuelva a vencer por nuestro desorden.

El ocho de abril al producirse las elecciones para integrar la máxima dirección del Partido Revolucionario Cubano, resulta elegido José Martí, Delegado; Benjamín Guerra, Tesorero y designado Gonzalo de Quesada y Aróstegui como Secretario. Dos días después como homenaje al vigésimo tercer aniversario de la Asamblea Constituyente de Guáimaro se proclama ante el mundo esta organización política. Expresan sus bases como objetivo esencial Partido: Preparar y ordenar la guerra para la independencia de Cuba y fomentar y auxiliar la de Puerto Rico y en sus Estatutos la estructura y procedimientos que lo rigen definiendo a los Clubes como agrupaciones de base de los afiliados a los Cuerpos de Consejo como órgano que agrupan a los Presidentes de Clubes de cada localidad. La pluma de Martí describe la importancia del PRC:

¡Bello es, cuando el peligro mayor del país en el trato áspero y apartado de sus habitantes, ver nacer un partido de revolución el día mismo en que proclamó la constitución democrática de la república!

El 10 de abril de 1892 queda proclamada la constitución del Partido Revolucionario Cubano. Su proyección ideológica enriquecida por catorce años de vida en las entrañas del monstruo le permite mostrarnos como:

el desdén del vecino formidable, que no la conoce, es el peligro mayor de nuestra América contra el que hay que andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes.

Su peregrinar revolucionario no se detiene. El 15 de septiembre el General Gómez acepta la jefatura máxima del brazo armado de la revolución. Importante y decisiva resulta su labor política en todos los rincones donde se albergan corazones cubanos; múltiples y constantes viajes dentro de la Unión americana y a los países de la región se ve obligado a realizar para lograr la unidad de pensamiento y acción imprescindibles para la victoria.

El 25 de diciembre de 1894 se han completado los detalles para dar inicio próximamente a la contienda. El conocido hoy, como Plan de Fernandina, había sido cuidadosamente preparado y consistía en llevar a la isla tres expediciones armadas en los vapores Amadís, Lagonda, y Baracoa. Una costosa indiscreción del Coronel López Queralta, traicionando la confianza extrema en él depositada por Martí, abortaba dicho proyecto y ponía en sobre aviso a las autoridades norteamericanas, ocupando las embarcaciones y el armamento adquirido gracias al aporte voluntario de todos los trabajadores y patriotas de la emigración. Estas acciones de los Estados Unidos, formaban parte de su estrategia política de entorpecer todas las expediciones de apoyo a las fuerzas patrióticas en la Isla y en apoyo a España, potencia amiga con la que mantenían estrechas relaciones.

Se había infringido un golpe demoledor al proyecto martiano. El Apóstol no se desalienta de tan infame revés de la Revolución que pujaba por nacer, no permite que se apodere el derrotismo de los patriotas de Cuba y del exilio. Había que evitar a toda costa que se pudieran sentir defraudados de los máximos organizadores de la contienda que se avecinaba y se lesionara el espíritu revolucionario y la unidad lograda. Recuperado de la adversidad, trasmite a Juan Gualberto Gómez su decisión inquebrantable:

Inmediatamente por distinto rumbo, la labor de que la cobardía de un hombre ha asesinado.

Han trascurrido sólo 17 días del abortado Plan de Fernandina, se hace imprescindible una enérgica y certera decisión sobre el rumbo que deben tomar los acontecimientos. El 29 de enero de 1895, el Delegado firma junto al General José María (Mayía) Rodríguez con autoridad y poder expreso del General en Jefe y el Comandante Enrique Collazo, quien da fe de la conformidad de los patriotas de la Isla, la Orden de Alzamiento la que cursa a Juan Gualberto Gómez, representante del Partido Revolucionario Cubano en Cuba.

El 30 de enero parte de Nueva York en el vapor Athos, rumbo a República Dominicana para encontrase con el Generalísimo que le espera ansioso para conocer en detalles lo ocurrido en Fernandina. Dadas las instrucciones y autorizándose el levantamiento los representantes de la Revolución en la Isla, fijan el domingo 24 de febrero de 1895 para reiniciar las hostilidades frente a España, confirmación que recibe Martí por cable desde La Habana con las palabras convenidas: «Aceptados Giros», cuando ya se encontraba en Montecristi en los preparativos para incorporarse a los campos de Cuba libre.

Guerra Necesaria

El 25 de marzo de 1895, redacta y luego firma con el General Gómez, El Manifiesto de Montecristi, documento político de trascendencia continental en el que se reiteran ante el mundo los objetivos y propósitos del Partido Revolucionario Cubano y los principios que animan la nueva guerra contra el colonialismo español y por la independencia nacional, en el que se llama al combate a todos los elementos de la sociedad cubana.

Este mismo día, escribe a su entrañable amigo, Federico Enríquez y Carvajal y le expone su decisión de entregarse por entero y participar directamente en la contienda, con el mismo coraje, dedicación y esfuerzo con que evocó y organizó la guerra.

El día 2 de abril ya se encuentra en la isla Gran Inagua, procedente de Montecristi, junto al generalísimo Máximo Gómez, el coronel Francisco Borrero, el brigadier Ángel Guerra, el teniente César Salas y el dominicano Marcos del Rosario quienes arribaron a bordo de la goleta Brothers, viéndose obligados días más tarde a regresar a Cabo Haitiano al negarse el capitán de la misma a cumplir lo pactado con Martí. El 10 de abril:

Salimos del Cabo. – Amanece en Inagua. – Izamos velas. 11.- bote. Salimos a las 11. Pasamos (4) rozando a Maisí, y vemos la farola. Yo en el puente. A las 7 ½, oscuridad. Movimiento a bordo. Capitán conmovido. Bajan el bote. Llueve grueso al arrancar. Rumbamos mal. Ideas diversas y revueltas en el bote. Más chubasco. El timón se pierde. Fijamos rumbo. Llevo el remo de prueba. Salas rema seguido. Paquito Barrero y el General ayudan de popa. Nos ceñimos los revólveres. Rumbo al abra. La luna asoma, roja. Bajo una nueve. Arribamos a una playa de piedras. La Playita (al pie de Cajobabo). Me quedo en el bote el último vaciándolo. Salió. Dicha grande. Viramos el bote, y el garrafón de agua. Bebemos Málaga. Arriba por piedras, espinas y cenegal. Oímos, y preparamos, cerca de una talanquera. Ladeando un sitio. Llegamos a una casa. Dormimos cerca. Por el suelo.

Se inician agotadísimas jornadas. La sorpresa de los viejos combatientes, acostumbrados al escalamiento de las altas montañas, al sereno, a la frialdad de la noche, al sol abrasador, a la lluvia y a los peligros de la guerra, se sorprenden de la firmeza y la resistencia, sin una sola queja, del Delegado, no acostumbrado a estas dificilísimas faenas.

(…)al caer la tarde, en fila la gente, sale á la cañada el Gral., con Paquito, Guerra y Ruenes. “¿Nos permite á los 3 solos? Me resigno mohino. ¿Será algún peligro? Sube Ángel Guerra, llamándome, y al Cap. Cardoso. Gómez, al pie del monte, en la vereda sombreada de plátanos, con la cañada abajo, me dice, bello y enternecido, que aparte de reconocer en mí al Del., el Ejército Libertador, por él su jefe, electo en consejo de jefes, me nombra Mayor General. Lo abrazo. Me abrazan todos”.

“La noche bella no deja dormir. Silva el grillo; el lagartijo quiquiquea, y su coro le responde; aún se ve, entre la sombra, que el monte es de cupey y de paguá, la palma corta y espinuda; vuelan despacio en torno las animitas; entre los ruidos estridentes, oigo la música de la selva, compuesta y suave, como de finísimos violines; la música ondea, se enlaza y desata, abre el ala y se posa, titila y se eleva, siempre sutil y mínima. Es la mirada del son fluido: ¿qué alas rozan las hojas? ¿qué violín diminuto, y oleadas de violines, sacan son, y alma, a las hojas? ¿qué danza de almas de hojas?”

Redacta instrucciones, despacha correspondencia, arenga a las tropas que lo aclaman de corazón como presidente, escribe la histórica carta manifiesto dirigida al New York Herald que firma junto al General Gómez. El 5 de mayo junto al general Gómez, va al encuentro del General Antonio Maceo que los ha citado para el ingenio La Mejorana

“(…)Mantengo, rudo: el Ejército, libre, -y el país, como país y con toda su dignidad representado. Muestro mi descontento de semejante indiscreta y forzada conversación, a mesa abierta, en la prisa de Maceo por partir. Que va a caer la noche sobre Cuba, y va de andar seis horas. Allí, cerca, están sus fuerzas: nos llevará a verlas”

Sobre la estrategia de la guerra las tres grandes figuras mantienen una idéntica posición, así como en la decisión de organizar la invasión a occidente. Maceo finalmente queda al mando de todo Oriente y Gómez y Martí continuaran rumbo a Camagüey para extender la guerra hacia occidente. Días más tarde, llegan a Baraguá, el lugar de la honrosa protesta, y se recuerda por un práctico el desarrollo de la famosa entrevista y la digna y firme posición del Titán de Bronce. El 9 de mayo, cuatro días después de La Mejorana, desde Altagracia, Holguín:

(…) Vamos a Masó, venimos de Maceo. ¡Que entusiasta revista la de los 3000 hombres de a pie y a caballo que tenía a las puertas de Santiago de Cuba! Qué erguido en su hermoso caballo el valiente Rabí!¡Qué lleno de triunfos y de esperanzas Antonio Maceo. (…) Les hubiera enternecido el arrebato del Campamento de Maceo y el rostro resplandeciente con que me seguían de cuerpo en cuerpo los hijos de Santiago de Cuba

El 17 de mayo:

Gómez sale con 40 caballos, á molestar el convoy de Bayamo. Me quedo, escribiendo con Garriga y Feria que copian las Instrucciones Generales a los Jefes y Oficiales: -conmigo doce hombres, bajo el Tte. Chacón, con tres guardias, a los tres caminos (…)

Aprovechando que el 18 de mayo el General Gómez, continúa tras la tropa española de la que ha tenido noticias se mueve persiguiéndolo a él y al resto de sus compañeros, escribe Martí la conocida carta a su amigo Manuel Mercado, que quedaría inconclusa al producirse ese mismo día en el campamento, el esperado encuentro con el general Bartolomé Masó

Campamento de Dos Ríos, 18 de mayo de 1895. Señor Manuel Mercado:

Mi hermano queridísimo: Ya puedo escribir: ya puedo decirle con qué ternura y agradecimiento y respeto lo quiero, y a esa casa que es mía, y orgullo y obligación: ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país, y por mi deber –puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo – de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso. En silencio ha tenido que ser y como indirectamente, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas, y de proclamarse en lo que son, levantarían dificultades demasiado recias para alcanzar sobre ellas el fin (…)

Caída en combate

Es domingo 19 de mayo de 1895. Gómez se dirige hacia el campamento de Vuelta Grande, donde ya conoce que le espera su subordinado y apreciado amigo, el general Bartolomé Masó, junto al Delegado del Partido Revolucionario Cubano[6]. Al mediodía el campamento rebosa de alegría y optimismo luego de escuchar las emotivas palabras que los tres queridos jefes han pronunciado ante la tropa.

Poco después, la columna que dirige el Coronel español José Ximénez de Sandoval, compuesta por más de 600 efectivos, logra interceptar al campesino Carlos Chacón, quien proveniente del territorio mambí, había sido enviado en busca de artículos y comestibles para los hombres del Ejército Libertador. El soldado se acobarda y traiciona a los revolucionarios cubanos, e informa al jefe español de la presencia de Gómez, Martí y Masó. La columna continúa su avance hacia Las Bijas, en los potreros de Boca de Dos Ríos, donde el enemigo hace un alto para descansar desplegando estratégicamente a los hombres para defenderse ante un posible ataque mambí.

En el campamento una patrulla avisa de la presencia en los alrededores de una fuerte tropa enemiga. A la orden de Gómez, Masó al mando de trescientos jinetes sigue a la tropa del General. Martí marcha junto a los dos experimentados guerreros.

Al aproximarse al lugar, Gómez ordena enérgicamente a Martí que se quede atrás para salvaguardarlo del fuego enemigo. La vanguardia española es sorprendida por el primer ataque de Gómez y resulta abatida, situación esta que alerta al resto de la columna que responde con fuerza al nuevo ataque mambí, obligando a Gómez a tocar retirada.

Martí ya separado del grueso de las tropas, le ordena al joven Ángel de la Guardia marchar al frente y realizan un movimiento que los acerca a una sección de la columna española que oculta en la maleza espera a las tropas mambisas. Al percatarse de la presencia de dos únicos combatientes en el lugar, abren fuego. El bisoño teniente es derribado al ser impactado su caballo, mientras José Martí cae mortalmente herido.

El enemigo rápidamente se percata que ha ocasionado una importante baja a las tropas insurrectas a juzgar por las ropas que viste, (saco oscuro y pantalón claro, sombrero negro de fieltro tipo castor, calzado de borceguíes negros, al cuello el cordón de su revólver de cabo de nácar) sus documentos y la cantidad de dinero que lleva consigo. Se apoderan del cadáver y a pesar del esfuerzo que ponen las fuerzas de la tropa de Gómez, les resulta imposible rescatarlo.

Identificado el cadáver es atado a un caballo y conducido a Remanganaguas. Ximénez de Sandoval informa a su jefe inmediato en Santiago de Cuba el resultado de las acciones y con desprecio al cadáver del héroe caído, lo hace enterrar sin ataúd y semidesnudo, en una fosa abierta en la tierra. Con parte del dinero sustraído de sus bolsillos la soldadesca compra tabaco y aguardiente para celebrar la hazaña.

Ante tan terrible pérdida Gómez envía al ayudante, el alférez Ramón Garriga a entrevistarse con el jefe enemigo del que desconoce su nombre y grado militar y al que envía una carta personal para que le responda si Martí se encuentra prisionero, herido o de estar muerto, el lugar donde se encuentran sus restos. El valeroso mensajero es detenido pero logra escapar a una muerte segura. Aquella solicitud jamás fue contestada.

(…) Ha sido muerto el titulado presidente de la República Cubana, don José Martí, cuyo cadáver ha sido recogido e identificado, a pesar del empeño que en retirarlo mostraba el enemigo (…)

El mando español no quiere correr riesgos de confirmar una falsa noticia y de inmediato ordena al médico militar Pablo A. de Valencia se dirija a Remanganaguas para exhumar el cadáver, identificarlo y prepararlo para su traslado a Santiago de Cuba. El 23 de mayo se realiza la exhumación y colocado sus restos en un tosco ataúd[7]. Tres disparos han alcanzado su cuerpo[8]. Uno de ellos ha penetrado por el cuello con orificio de entrada debajo de la barba, del maxilar inferior, lado derecho, con salida por encima del maxilar superior, lado izquierdo cuyo labio se hallaba destrozado; el disparo que resulta mortal le penetra por la parte anterior del pecho, al nivel del puño del esternón, el cual resulta fracturado y un tercero en el tercio inferior del muslo derecho y hacia su parte inferior, según aparece en la autopsia que le realiza el Dr. Pablo Valencia días más tarde. 

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