Irradia optimismo en nuestros campos el campesinado cubano

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Las mujeres y hombres que trabajan la tierra esculpen en cada hectárea la germinación de las plantas haciendo el milagro del fruto, hacedores de ingenio y amaneceres llenos de esfuerzo y encanto para hacer brotar del amasado panel virginal la joya verde que será bautizada por el Sol y la lluvia.

Así transcurren los días del productor  Mauricio Soto  González en la Cooperativa  de Créditos y Servicios (CCS) Menelao Mora de San José de las Lajas. Lo acompañan posturas frescas para sembrar y una mochila repleta de esperanza y alegría que sirven de abono al retoño pueril que acuna con esmero en brecha abierta sobre el terruño.

Con su quehacer cotidiano rinde honores a la Orden 17 de Mayo de la cual es acreedor,  una condecoración de Cuba para recompensar el mérito agrícola otorgada por el Consejo de Estado, siguiendo las propuestas realizadas por el Buró Nacional de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, la cual este campesino lajero lleva con orgullo y humildad.

Con sus manos prodigiosas y sabias, con el sentido superior del cual lo dotó la naturaleza para distinguir las estaciones del año de mayor probabilidades para cada cosecha, enaltece su medalla  la que lleva el nombre del dirigente agricultor Niceto Pérez García, asesinado el 17 de mayo de 1946, solo por defender el derecho de los humildes y los desposeídos.

El galardón dorado, circulado con esmalte azul  y rojo; todo lo cual desciende de una cinta pentagonal de cinco franjas marrones intercaladas con cinco franjas verdes a imagen de los surcos , cobra vida en cada jornada sobre el  pecho de este trabajador agrícola que expende futuro con optimismo, surcando la entrañas de la tierra con talento y orgullo de ser sencillamente un genuino hombre de campo a quien no le falta la sonrisa para dar la bienvenida al retoño que asegura el mañana y del cual se define como un sublime creador auténtico.

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