Hasta que la rutina las vuelva costumbre

Diciembre transcurre y 2019 está a punto de caducar.  No hay dudas de cuan difícil ha sido este año y cuan titánica la respuesta de cubanas y cubanos, decididos a seguir adelante, a no detenerse en los propósitos de conquistar sueños y cumplir metas y mucho menos perder el buen humor, ese que provoca el chiste hasta sobre nuestras propias vicisitudes.

El recrudecimiento del bloqueo, la hostilidad  de la política estadounidense y el empeño enfermizo de los que aún no aceptan el camino escogido por la mayor de las Antillas, dicho en buen cubano nos ha puesto contra la pared, pero la capacidad de resistencia y la voluntad de no hacer el juego a quien insiste en sofocarnos nos ha hecho respirar profundo y seguir a paso apretado.

El ahorro resulta tarea clave para todos los días.Ser austeros ha de formar parte de nuestra actitud. Aunque existen campañas que instan a tomar conciencia sobre el tema, todavía queda mucho por hacer, pues en el concurso de todos estriba que no prolifere el derroche y por tanto que no existan agujeros en la economía.

Pensar como país implica poner a prueba inteligencia, conciencia, sentido de pertenencia y amor. Es la actitud que nos hará mejores y capaces, pero también partícipes de la victoria que nos merecemos.

Dijo el presidente cubano Miguel Díaz-Canel recientemente: Tenemos que imponernos hasta que la rutina las vuelva costumbre, todas las formas de ahorro y todas las prácticas solidarias.Y esa convocatoria sacude a los olvidadizos, los mismos choferes de transporte estatal que pasan e ignoran ser solidarios con sus propios coterráneos, con sus semejantes.

La crisis más dura la pasamos, pero ante un poderoso enemigo que asume apretar la cuerda para encarnizar más el cerco con la pretensión de asfixiarnos, no pueden desmayar las buenas prácticas. La solidaridad, la consideración de unos a los otros, siempre será un alivio.

Vuelvo como es mi costumbre al más universal de los cubanos: Se es bueno porque sí; y porque allá adentro se siente como un gusto cuando se ha hecho un bien, o se ha dicho algo útil a los demás. Eso es mejor que ser príncipe: ser útil.

 

 

 

Hasta que la rutina las vuelva costumbre
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