Formando el futuro desde la simiente

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Una de las tantas propuestas que propició la incorporación social de las cubanas a la vida social y laboral fue la creación de los Círculos infantiles, el 10 de abril de 1961, iniciativa defendida por la heroína de la Sierra y el llano, Vilma Espín Guillois.

Las educadoras de estas unidades docentes en San José de las Lajas, partícipes de la apertura de esa experiencia recuerdan el entusiasmo de Vilma, entonces Presidenta de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), que atendió los pormenores de aquellas nuevas instituciones instauradas para el beneficio de la madre trabajadora y la familia en general.

La experiencia primera  del país fue con la apertura de los círculos infantiles Camilo Cienfuegos, Fulgencio Oroz y Ciro Frías para emprender la nueva opción  de atender a niños y niñas menores de seis años y con ello, beneficiar la integración de la madre trabajadora a la vida habitual.

En territorio lajero, al igual que en toda Cuba,las  féminas recibieron instrucción para educar a las  a las nuevas generaciones en sus primeros años de vida y con ese propósito surgieron en cada provincia las escuelas formadoras de educadoras de Círculos Infantiles con el fin  de egresar de sus aulas un personal mejor capacitado.

A sí surgió en San José de las Lajas el círculo infantil el  Víctor González y posteriormente fueron inauguradas otras unidades similares  como Futuros constructores  y Renovadores de sueños,solo por mencionar algunos de ellos

Es  meritorio destacar el sorprendente  conocimiento que adquieren los niños en los círculos infantiles. Y en esta noble tarea, las educadoras desempeñan una importante labor al dotar a los pequeños de conocimientos en áreas del desarrollo como la Lengua Materna, Nociones Elementales de las Matemáticas, Educación Física, Música, Artes Plásticas, Análisis Fónicos; además de facilitar el desarrollo de habilidades y capacidades para enfrentarse al escenario escolar futuro.

El trabajo en los Círculos infantiles durante estos 56 años ha marcado la vida de generaciones de niños y niñas que pasan diariamente por sus salones; pero también la de centenares de educadoras, mujeres dotadas de amor y paciencia que hoy se multiplican en miles con inmensa vocación de amor maternal.

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