Fidel entre nosotros y para el mundo

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Hoy hace un año que el cuatro de diciembre adquirió para Cuba un matiz diferente al de todos los vividos en el mosaico cultural de esta isla de valores infinitos. Hace un año la vida quiso apagar una luz que iluminó a esta nación por muchos años.

El cuatro de diciembre de 2016 fueron inhumadas las cenizas del Comandante en jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, en el cementerio Santa Ifigenia de Santiago de Cuba.

Fue un día muy triste para todos los patriotas y un hecho singular incluso para los adversarios, de quien sostuvo siempre sus ideas sin claudicar jamás, aún en las peores circunstancias. 

Trece de las 15 provincias del país había recorrido el pequeño féretro de cedro que llevaba inscrito el nombre de Fidel Castro Ruz en letras doradas y lo cubría la bandera cubana.

Iba en un armón militar vestido de rosas blancas y resguardado por una urna de cristal.

El pueblo que le siguió siempre sin vacilación, le había acompañado por última vez en una peregrinación incomparable a lo  largo de la isla tras la despedida en la capital el 30 de noviembre.

En Santiago de Cuba finalizaba el viaje en sentido inverso por la misma ruta que llegara a la Habana en 1959, cuando iba a cumplir una misión sin par en la historia de Cuba.

En esta fecha de 2016 regresó a Santiago de Cuba con la misión cumplida, dejando a la nación y al mundo un legado de infinito valor para Cuba y la humanidad.

A un año de aquel hecho la vida no ha logrado apagar esa luz que dejó el líder de la Revolución Cubana, porque supo cómo nadie dejarla a buen recaudo en el mejor de los sitios.

 Puso esa luz en las ideas de las multitudes que comprenden que cada día esas ideas cobran más vigencia en los pueblos que luchan por sus derechos a pesar de todo y desde cualquier rincón del mundo surge una voz decidida para gritar sin miedo Hasta siempre Comandante.

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