Fidel, Cuba y la Sexta Cumbre de países No Alineados

VI Cumbre del NOAL. La Habana.
Recibimiento en el Aeropuerto Internacional José Martí
Conversaciones privadas en el Palacio de las Convenciones
Fecha: 7/9/1979

No auguraba Fidel una tranquila VI Cumbre del Movimiento de países No Alineados (MNOAL), en su apertura aquel tres de septiembre de 1979 en el Palacio de Convenciones de La Habana. Como siempre, habló con absoluta claridad y franqueza. Incluso dijo que tal vez sus palabras no fueran diplomáticas, ni demasiado protocolares.

Cuatro años después en Nueva Delhi, confesó que por instantes los debates no siempre serenos parecían amenazar la cohesión. Él, maestro y seductor en el arte de unir, debe de haber enfrentado una prueba colosal en aquellas jornadas de espectro diverso de intereses. Eran tiempos de dura confrontación de la OTAN y el Pacto de Varsovia.

El MNOAL reunía entonces a más de 90 naciones que formalmente no pertenecían a los bloques, cuya influencia sin embargo resultaba inevitable. Que aquel encuentro plural se verificara en Cuba, era una fisura en la política imperialista de aislarla. Y Estados Unidos lo ensayó todo para boicotearlo.

Y para eso se arguyó la amistad de Cuba con la Unión Soviética. La propaganda enemiga habló hasta del rompimiento de Stalin con Yugoslavia, del papel de este país en la fundación del Movimiento. Casi culparon a Cuba de los errores de aquella dirección soviética con respecto a la nación balcánica. Y la VI Cumbre se presentaba como la negación de la Primera en Belgrado. “Tito llega hoy a Habana para limar divergencias con Castro”, fue el titular del periódico español El País.

Jamás Fidel ocultó la filiación socialista de la Revolución Cubana. En la IV Cumbre de Argel en 1973, criticó la teoría de considerar a la URSS como un país imperialista. Y como anfitrión en La Habana, en la misma apertura, expuso a manera de actos de fe la gratitud de Cuba a aquellos amigos del Este, cuya solidaridad resultó decisiva ante la agresividad del vecino norteño.

Cuba defendió entonces la representatividad de la Kampuchea Popular que, con la colaboración vietnamita, derrocó al régimen genocida de Pol Pot. Otros, sin embargo, apoyaron la legitimidad del gobierno khmer rojo, responsable de la muerte de unos tres millones de camboyanos. Se acordó que la silla de Kampuchea permaneciera vacía en La Habana.

La Revolución Islámica de Irán era un hecho reciente. El país persa se adhirió al Movimiento. Se avivaron viejas diferencias con otro miembro, el Iraq, que sería la sede de la VII en 1982. Lamentablemente, la guerra entre ellos no se pudo evitar, por lo cual la reunión debió de realizarse en 1983 en la India. El Sha escapó a Egipto, que había acabado de pactar la paz por separado con Israel con la anuencia de Estados Unidos. No fueron pocos los que reclamaron la expulsión del país norafricano del MNOAL.

Entre los nuevos miembros en 1979 estaba Pakistán, cuyo territorio empleaba los muyahidines en sus entrenamientos para derrocar a la Revolución Afgana, triunfante en abril de 1978. Por cierto, el presidente afgano Nur Muhammad Taraki resultó alevosamente asesinado a su regreso a Kabul, en un golpe de Estado que abrió las puertas a la intervención militar soviética.

Sí, cualquier tema en la agenda implicaba aristas complicadas. El Sahara Occidental es uno de ellos. En su discurso inaugural, Fidel le pedía a Marruecos que reconsiderara su política. Es un reclamo que el paso de 40 años no consiguió apagar.

Pero en la VI Cumbre del Movimiento de Países No Alineados, se lograron importantes consensos: la bienvenida a los revolucionarios iraníes, granadinos y nicaragüenses, la solidaridad con los movimientos de liberación nacional contra el colonialismo, el racismo y el fascismo. En 1979 se denunció al despojo contra los palestinos como el crimen más grande de la época. Aún lo sigue siendo.

Como presidente del MNOAL, el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana expuso poco después en la XXXIV Período de Sesiones de la Asamblea General de la ONU que la deuda externa era insostenible, y la prioridad de eliminar el intercambio desigual. Y dijo: “Digamos adiós a las armas y consagrémonos civilizadamente a los problemas más agobiantes de nuestra era”.

El mandato de aquella cita en septiembre de 1979 en La Habana, trasciende en el tiempo, como un inequívoco reconocimiento al liderazgo en el mundo de la Revolución Cubana.

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