Entonces, no nos entendemos

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El mundo anda patas arriba dijo ayer un hombre de muchos años alojados en su vida, curtidos por el trabajo y la experiencia, esa  que siempre resulta sabia cuándo más tiempo se ha vivido. Tal vez más de 80 abriles lustran a aquel anciano que más de una vez dejó escapar alguna reflexión, mientras contaba pasajes de su vida.

Y es que la calle, ese escenario cotidiano donde a diario cada quien valora y hasta hace vaticinios, abriga también el sentir de todos. La mirada sobre este siglo, en que la ambición colma a unos, la guerra resulta amenaza y realidad para otros y la pobreza, la violencia y el odio deambulan sin freno por este adolorido planeta que habitamos.

Cuba, la parte que más nos duele, está en la mirilla de quienes insisten en retorcer el equilibrio, es la constante para aquellos que no perdonan el sistema social de esta isla y sobre ella dejan caer todo el peso de su animadversión.

Asfixiar, acorralar, hostigar son las vías utilizadas contra Cuba. Un bloqueo cada vez más hostil, y como decía el octogenario, un bloqueo que quiere poner de rodillas, que quiere cortar la respiración.

En tanto la mayor de las Antillas insiste en mantener la paz, entiende de diálogo pero sin condiciones y ofrece al mundo su realidad, esa que da cuentas de altruismo, voluntad y buen humor.

El mundo anda patas arriba, el odio y el resentimiento coexisten en aquellas mentes obtusas que no escatiman dinero ni malsanidad para procrear el mal. La locura misma desde el trono imperial aboga por tensar más la cuerda y exprimir al máximo a quien pretende dejar sin aliento.

Y aquel anciano, sabio, porque su mirada lo delata, da riendas a sus argumentos. Habla de la historia de Cuba, de los mambises, de sus ancestros africanos y con tamaño orgullo evoca la Protesta de Baraguá y a Maceo, un Titán que no comía miedo, que no se entendió con el enemigo…ahora es como si Maceo estuviera, porque en verdad, claro que no. No nos entendemos con los que nos quieren borrar la memoria.

Corre mayo ligero, temperaturas altas en esta tierra que es un eterno verano. Días que atestiguar carencias, limitaciones, pero también sueños y esperanzas. Por acá, por este lado de la geografía, a diario los nacidos en esta isla emprenden la vida con la voluntad de hacer la luz, con la certeza de que solo el amor convierte en milagro el barro y con la inequívoca decisión de no entender lo inadmisible

 

 

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