El trabajo voluntario, un legado del Che

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Noviembre trae consigo importantes fechas para el pueblo cubano; una de ellas es el 22 de noviembre, que recuerda la primera jornada de trabajo voluntario efectuada ese día de 1959.

Protagonizada por el Che, en la Ciudad Escolar “Camilo Cienfuegos”, en el Caney de las Mercedes, allá el centro de la Sierra Maestra, aquella jornada marcó una impronta que llega hasta nuestros días como símbolo de sensibilidad y compromiso.

Sin lugar a dudas, sabemos que trabajar es un hecho de total normalidad para aquellas personas aptas, pero trabajar voluntariamente tiene otro matiz que apunta al crecimiento espiritual, a la humanización de quien lo realiza, distingue la responsabilidad, la cooperación y solidaridad hacia los semejantes.

El Che definió que: “El trabajo voluntario no debe mirarse por la importancia económica que signifique en el día de hoy para el Estado, el trabajo voluntario fundamentalmente es el factor que desarrolla la conciencia de los trabajadores más que ningún otro”.

Existe una foto del Che, anda sin camisa y carretilla en mano, de lleno en la faena, y resulta presente, casi imposible hospedarlo en ese pretérito porque su legado está en el palpitar de este tiempo que requiere de tanta entrega y consagración, de sensibilidad y amor a toda obra que se emprenda.

Trabajar por una retribución, que el pago sea proporcional al esfuerzo es satisfactorio, busca el sustento y crecimiento económico individual y de la familia, es de hecho una necesidad material, y un derecho legítimo que avala  la manera honrada de crecer.

El trabajo voluntario tiene  la peculiaridad de educar y la fortaleza de ennoblecer; armonizar el trabajo cotidiano con lo que voluntariamente hagamos, permite ascender en nuestra condición humana.

Este 22 de noviembre de 2015, también fue domingo como hace 56 años, es una de las fechas que recordamos con sano orgullo.

Ese día nació una idea vital y  su mayor propulsor nos legó desde su ejemplo la magnitud de crecer en la vida con paso firme, con visión de futuro, con el sentido de la laboriosidad, el deber y la ternura, porque esta también es esencial en cuanto trabajo hagamos para que germine la maravilla.

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