El Primer Ministro Fidel

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Fue en febrero de 1959 cuando el gabinete constituido tras la extraordinaria victoria, designó a Fidel como Primer Ministro del gobierno revolucionario. El ajedrez político se tornaba entonces sumamente complicado. El Movimiento 26 de julio había promovido como presidente al magistrado Manuel Urrutia Lleó.

La necesaria radicalización del proceso habría de enfrentar escollos que parecían insalvables. El máximo líder de la Revolución tenía en sus manos un poder que pasaba por el peso del triunfo y la grandeza de un ideal. Formalmente se le reconoció como Comandante en Jefe de las fuerzas de tierra, de mar y de aire, pero todavía en el primer mes aún estaba fuera del entramado formal del gobierno.

Fidel reemplazó en el cargo de Primer Ministro a José Miró Cardona, un hombre claramente de derechas que tal vez vivió la mítica de ser hijo de mambí, del catalán José Miró Argenter, el autor de las Crónicas de la Guerra. El jefe de la Revolución tuvo entonces una deferencia con él: lo nombró embajador en el país de sus ancestros, para atender las dificilísimas relaciones diplomáticas con la España franquista.

La deserción de Miró Cardona y su ulterior papel al servicio del enemigo histórico de la nación cubana, significó el carácter de la confrontación política de esa etapa. En honor a la verdad, no resultaba fácil librarse de golpe y porrazo de suspicacias ni de dogmas cultivados a lo largo de las luchas revolucionarias en el mundo.

El propio Carlos Rafael Rodríguez, reconocida figura del Partido Socialista Popular (PSP), recordaba a cada rato las presiones de Moscú y de Pekín sobre Blas Roca Calderío, para que fuera él y no Fidel quien llevara las riendas del poder dentro de la Revolución. El genio político del Comandante en Jefe tendría que sortear la dura prueba de la desconfianza y hasta una microfracción, para salvar a toda costa la unidad.

Por ahí anda el testimonio del poeta Adolfo Martí Fuentes, sobre una décima suya dedicada a Fidel, y publicada para mayo de 1959 en el periódico Hoy. Aquellos versos habían sido escritos antes, pero algún dirigente del PSP consideró no pertinente publicarlos ante la presunta indefinición ideológica de Fidel. En este caso se aludía la famosa respuesta ante la pregunta de si se trataba de una revolución roja: era esta una revolución tan verde como las palmas.

El Primer Ministro del Gobierno Revolucionario firmó la Ley de Reforma Agraria el 17 de mayo de 1959. Adolfo Martí Fuentes recibió entonces la autorización de publicar la espinela laudatoria ante un suceso definitorio. Aunque Fidel quisiera (recordaba el poeta que le dijeron) ahora le resultaría imposible retroceder.

Eran años de feroz anticomunismo. El tejido de la sociedad cubana sufrió la herida terrible de la dictadura. Llevar a la urgencia del momento el asunto de la dictadura del proletariado, era en todo caso inoportuno.

Invitado por la Asociación de Editores de Periódicos de los Estados Unidos, el Primer Ministro del Gobierno Revolucionario viajó a aquel país la noche del 15 de abril de 1959. Lo recibió en el aeropuerto internacional de Washington el Subsecretario de Estado Roy R. Rubotton.

Fidel respondió en inglés a las preguntas de la prensa norteamericana que lo abordó. No iba a pedir nada, dijo, sino más bien a construir buenas relaciones. De esa visita al país norteño se denota siempre su encuentro con el vicepresidente Richard Nixon, quien escribiría un memorándum recomendando deshacerse de él.

Y en efecto, la ya aludida Ley de Reforma Agraria de mayo de 1959 le granjeó la hostilidad del imperio por los intereses afectados en Cuba. Como la familia de Fidel era propietaria de grandes extensiones de tierras, hasta se pensó que aquello devendría letra muerta. No fue así. El Comandante cumplió la promesa del Moncada, y la Reforma Agraria llegó a Sabanilla de Birán.

Es un parte aguas en la historia de Cuba. El presidente Manuel Urrutia Lleó pretendió frenarla. Fidel renunció a su cargo de Primer Ministro el 17 de julio de 1959. El testimonio gráfico del instante guarda el rostro grave del Comandante Camilo Cienfuegos, leyendo el titular de la noticia en un periódico de entonces. Se generó un espontáneo movimiento popular por el regreso de Fidel, que concluyó con la renuncia del señor Urrutia, y la designación de Osvaldo Dorticós Torrado en la máxima magistratura de la nación.

En su libro En marcha con Fidel, Antonio Núñez Jiménez apunta el emotivo instante en que Fidel aceptó reasumir aquella responsabilidad formal el 26 de julio de 1959. Ahora, el recuerdo fija el sexagésimo aniversario de su designación en febrero de aquel año. El cargo desaparecería en diciembre de 1976, ante la institucionalización en ciernes del país. Desde su condición de Primer Ministro, el Comandante inmortal escribiría el canto de gesta de un nuevo tiempo.

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