El médico en la promoción cultural

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La cultura es una experiencia propia del ser humano para resolver los problemas de su existencia, por lo tanto donde éste exista, habrá cultura para sobrevivir. Las variantes regionales o locales se presentan en íntima relación con la diversidad de recursos naturales que hay en su hábitat, con la inventiva creatividad del hombre: modos de vestir, modos de elaborar platos de cocina, formas de expresión artística, tecnología, entre otros.

En el campo de la alimentación: comida, dieta y cultura son dimensionados a diferentes campos para su análisis; el histórico, biológico, económico, político y social. El hecho radica en que la humanidad al tener una relación con la alimentación se convierte en el actor principal y es ahí donde la comida, la dieta y cultura ocupan un lugar relevante por la función que desempeñan y que tiene mucho que ver con el conocimiento, el equilibrio de una sociedad o comunidad saludable en toda la extensión de sus instituciones.

En la cultura alimentaria cubana prevalece el consumo de alimentos que pueden provocar daño a la salud humana, constituyendo factores de riesgo para enfermedades cardiovasculares, cerebrovasculares, endocrinas y del aparato digestivo. Esto proviene de los hábitos de alimentación incorporados a través del proceso de transculturación a que hemos sido sometidos.

Los miembros de la comunidad forjan su personalidad en sus creencias, actitudes, comportamiento de los grupos a que pertenecen, por lo que cabe destacar que no solo prevalecen determinados hábitos de alimentación, que pueden dañar o no la salud humana, sino otras conductas que conforman sus estilos de vida incorporados a través de la formación de sus identidades, y sobre las cuales habría que influir con miras a modificarlas y fomentar una cultura saludable. En este caso podemos citar  el sedentarismo, el hábito de fumar, el consumo frecuente de alcohol y la promiscuidad sexual, por solo citar algunos ejemplos.

En este sentido vuelve a jugar un papel decisivo el accionar del médico de la atención primaria de salud, en su constante labor de promoción de salud. Pero, para poder emprender sus acciones, el promotor debe investigar, a través de la observación participante, la entrevista, encuestas, u otros métodos de investigación científica, las características particulares, pautas de conducta, gustos, dieta, rutinas y otros elementos socioculturales de los integrantes de la comunidad donde va a promover una cultura alimentaria sana.

A los actores sociales vinculados en el proceso de promoción de salud (médico, enfermera, trabajador social, psicólogo, brigadista sanitario y otros) les corresponde la tarea de motivar a las personas, fomentando la práctica de ejercicios físicos, el desarrollo de una dieta balanceada, el esparcimiento, la recreación y el uso adecuado del tiempo libre, suscitando además, actitudes positivas, que tiendan a mejorar la calidad de sus vidas mediante el empleo de técnicas apropiadas.

El trabajo grupal resulta ideal en estos casos, constituyendo el gran instrumento de toda promoción, al permitir a los integrantes del grupo emitir sus propios juicios y asumir responsabilidades. Mediante el diálogo, se intercambian ideas, opiniones, se expresan necesidades y soluciones, dentro de un marco de enriquecimiento mutuo.

Resulta de vital importancia el uso de medios que favorezcan el accionar cultural del equipo de salud. En este caso se destaca el empleo de plegables, folletos, afiches y el auxilio de la radio y la televisión como medios de comunicación masiva, con sus respectivas funciones de información, divulgación y orientación.

Los promotores de salud orientan, apoyan y conllevan a los integrantes de la comunidad a pensar y reconocer el esfuerzo realizado, aun cuando las acciones de promoción no conlleven al éxito, pues el fracaso analizado para buscar otra manera de tener éxito, es un logro en sí mismo.

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