El mayor desafío nuestro: hacer una mejor obra

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(…) «No es el oficio de la prensa periódica informar ligera y ­frívolamente sobre los hechos que acaecen, o censurarlos con mayor suma de afecto o de adhesión. Toca a la prensa encaminar, explicar, enseñar, guiar, dirigir; tócale examinar los conflictos, no irritarlos con un juicio apasionado; no encarnizarlos con un alarde de ­adhesión tal vez extemporánea, tócale proponer soluciones, madurarlas y hacerlas fáciles, someterlas a consulta y reformarlas según ella; tócale, en fin, establecer y fundamentar enseñanzas…”

El legado del más universal de los cubanos, José Martí, llega a este tiempo como sabia lección que anima y sugiere, que insta a revisar cuanto hemos hecho para hacerlo mejor, desde la conciencia y el talento, desde la mayor intencionalidad para que la creación misma, renovadora e inteligente cultive y contribuya al crecimiento desde la virtud.

La convocatoria del presidente Díaz-Canel a defender la identidad nacional para enfrentar las plataformas colonizadoras y hegemónicas vigentes en los tiempos actuales constituye compromiso inmediato para quienes trabajamos en los medios de comunicación.

La defensa de la identidad nacional va desde esa manera en que como la respiración sintamos necesario crear, superar cada día los conocimientos y poner en esa obra que diariamente se fragua a la patria, porque para su bien y para el de todos sus hijos es la mayor pretensión.

Vivimos tiempos en que la ingenuidad no puede arroparnos y la inteligencia no puede estar adormecida. La inercia no es el mejor aposento para quienes tienen la responsabilidad de hacer la luz, de llegar a todos los públicos con productos que provean saberes, infundan valores y defiendan nuestra identidad.

Siempre me cuestiono qué hacer para que los que vengan después, e incluso muchos hoy conozcan de la heroicidad de jóvenes mártires de los que poco se habla. Siempre recuerdo a mis maestras de la Primaria que me enseñaron que la bandera es orgullo y veneración, que no basta conformarnos con un estribillo o lo contagioso de un ritmo si no precisamos en su letra, y que de Cuba debemos conocerlo todo.

El reto que tenemos hoy implica primero, revisar lo que hemos hecho y lo que hacemos, revolucionar entonces para mejor. En nuestra entrega diaria va la responsabilidad con quienes nos escuchan. La lucha contra la banalidad y el mal gusto la emprendemos con calidad, originalidad y el más adecuado uso de las nuevas tecnologías.

Lo nuestro, nuestras raíces, nuestra cultura merecen la defensa perenne. Como dijo Félix Pita Rodríguez: “Olvidar el pasado es correr el riesgo de dejar indefenso el futuro” Entonces, el momento es ya, no después. Nos toca revitalizar el hacer y fundar todos los días.

 

 

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