El Inglesito, un sobrenombre rodeado de leyenda

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Donde el corazón erige su verdadera estatura, los mejores sentimientos humanos remontan la Torre de Babel. Henry Reeve dispone en las páginas de la historia de Cuba muchos actos que facturan la soñada fraternidad universal.

En la manigua redentora le llamaban El Inglesito, un sobrenombre tan rodeado de leyenda como de tanto cariño. El pseudónimo del héroe denota un idioma a la medida de la más enérgica juventud. El  diminutivo muestra reconocimiento, cercanía filial, amor inevitable.

Se le confiere cierto aliento mítico a la existencia de Henry Reeve.  Y es que en cada obra suya habrá seguramente un capítulo heroico, una  epopeya por descifrar.

El nombre de Henry Reeve no se desfasa con el paso de los años, porque una trayectoria semejante no se borra así como así de la memoria de un pueblo, por ello, una brigada médica al servicio de la vida lleva su nombre como símbolo de lucha y hermandad.

No es posible un olvido cuando pertenecen sus señas a la bendita costumbre de millones de hermanos de resistir imperios, de enfrentar amenazas, acto que se transpone -ya se sabe- en la idiosincrasia, en la identidad, en fin, en la cultura popular.

En los libros habita esa leyenda. El Inglesito cobra nueva vida en los textos que cuentan el milagro de sobrevivir a una masacre; de ir atado a la montura de su caballo para desafiar una grave discapacidad física, y aun así ser de los primeros.

Aún permanece en la memoria histórica el acontecimiento del 4 de agosto de 1876 cuando el continente personal de Henry Reeve quedó acribillado a la intemperie.

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