El Che está vivo

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La historia abriga en sus páginas la impronta de quienes como estrellas dejaron un halo de esperanza, una ruta escrita desde la conducta y el ejemplo. Entre ellos se inscribe Ernesto Guevara de la Serna, para cubanas y cubanos, el Che.

Llega a este tiempo con su mensaje vital, con los consejos esenciales, oportunos, urgidos de tomarse en cuenta para echar a andar el progreso, para aniquilar la ineficiencia, la burocracia, los equívocos  y sobre ellos sembrar productividad, eficacia, disciplina, austeridad, avances.

Octubre marca en el calendario esa fecha luctuosa en que le arrancaron la vida en esa pretensión ignorante de apagar su existencia, de contener su luz; más la eternidad se encargó de acogerlo en su manto, y desde entonces su renacer no da espacio a la muerte.

Al Che no se le imagina inerte, no pertenece a la quietud ni al pretérito, está en el presente que se edifica, en el futuro que se avecina y que se sueña por encima de obstáculos, de pesimistas, de enemigos que no entienden razones; el Che está en la batalla cotidiana que exige mejorarnos como seres humanos para que sean mayores y duraderas las conquistas.

Recurrir a su legado, exige más que la lectura de paso de sus ideas, precisa de un alto, de la interpretación inteligente de cada análisis donde afloran la confianza en la juventud, la convocatoria a estudiar y trabajar, la fidelidad a la Revolución.

Recurrir a su legado implica visibilizar cada palabra, tomar como herramientas imprescindibles el decoro, la unidad y la conciencia para incorporarlos a cada jornada en la que hacer siempre será mejor manera que decir.

Inolvidables anécdotas develan al héroe, al amigo, al padre, al cubano que también es, más allá de su nacionalidad argentina. AlChe lo encontramos multiplicado en todos los que a diario escriben desde la mayor humildad una buena acción, los que luchan y sienten en sí mismos el dolor de sus semejantes, los que no claudican ni renuncian a sus principios, los que dicen NO a la guerra.

Al Che se le honra en la medida que la ternura habite en los actos de cada quien, en la medida que la sensibilidad ocupe espacio y la indiferencia y la indolencia no puedan asomar su rostro.

Me asusta esa cifra de años que marca su partida, prefiero entonces imaginarlo en constante cabalgar comandando esa humanidad que ha dicho basta y ha echado andar, ese ejército de hombres y mujeres, que saben que un mundo mejor no es solo una utopía,porque  este tiempoen quela era está pariendo un corazón se precisa de la esperanza y la voluntad para defender el mayor de los desafíos: La paz.

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