El bloqueo, esa enfermedad crónica

Nací bajo la mala letra del bloqueo, mi generación y las que llegaron después cargamos con ese apellido que no merecemos. Han pasado los años y el bloqueo sigue como titular, como vicio de los que insisten en extirparnos la sonrisa.

Me asquea el lenguaje de amenaza, la omnipotencia de quienes creen decidir el destino del mundo. Me aterra la locura desmedida de los que juegan a la guerra y deciden por las armas como el pan de cada día. 

Nací en una isla, la mayor de las Antillas, hermosa, madre de hombres y mujeres soles, de otros con manchas, pero tierra madre al fin. 

De niña escuchaba del bloqueo, pero tanta era mi paz, la paz de todos, que jugar y estudiar, hacer amigos y leer colmaron mi vida; el problema apareció cuando empecé a crecer, cuando la infancia empezó a quedar atrás, entonces, el bloqueo dejó de ser desconocido.

Ya les dije, es como apellido mal heredado porque a ninguno debe de tocarnos, pero está ahí, repudiado por millones de seres humanos y defendido por los que persisten en aniquilarnos la sonrisa, en robarnos los sueños y la esperanza. 

En tiempos extraños, en que huracanes y terremotos amenazan la existencia, una pandemia también aparece con el instinto agresor de estrangular la vida, ¡Qué horror! 

Tan distinto sería, si cada quien desde el poder que le asiste, sumara voluntad y ganas de hacer el bien para salvar la vida. Tan distinto sería si paz, amor, entendimiento, respeto, comprensión, fraternidad habitarán a plenitud en lugar del egoísmo, odio, intriga, la soberbia, prepotencia…en fin sería ese mundo mejor que merecemos todos los terrenales.

En tanto, la vida continúa, Irma que por aquí pasó, es pesadilla que dejó su nefasta huella, y trajo consigo además de la tristeza la sabiduría sana que recuerda que todo no está perdido. 

El Sol despertó este vigésimo día de septiembre para recordar que sale para todos, él no sabe de bloqueo, sencillamente regala su luz…entonces comprendo, que más allá de ese mal apellido que llevamos, tenemos algo auténtico que no bloquea ni el más especialista en bloqueos, tenemos luz para iluminar el alma y perseverancia para conservar la sonrisa.

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