El arte de escuchar

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En San José de las Lajas como en toda Cuba la gente gusta conversar en todas partes acerca de las más disímiles cuestiones.

Sin embargo, veces las personas tratan de llegar a cierto acuerdo sobre un punto de vista a través de la conversación y en ocasiones resulta imposible, porque uno de los interlocutores impide al otro completar la idea, y se adelanta a las conclusiones como si  un ultrasonido le hubiera revelado con antelación lo que el otro trata de decirle.

Y es que en nuestros tiempos parece haber un vicio que apresura a la gente a dar por concluido un asunto, cuando ni siquiera se ha llegado a exponer con claridad el meollo del problema y mucho menos sus causas y posibles soluciones, desde los diferentes puntos de vista de quienes participan en el diálogo.

Con frecuencia en las conversaciones alguien, a quien se le quiere comunicar una idea,  interrumpe, y ya de pronto convierte al otro en una especie de contrincante, en lugar de una persona que necesita decir algo necesario.

Por esta causa se crean considerables inconvenientes que generan malestar e inconformidad en quienes ven frustradas sus buenas intenciones al dialogar y chocan contra la imposibilidad de entenderse, porque simplemente la otra persona no es capaz de hacer la pausa necesaria para prestar la debida atención.

Entonces pensemos un instante ¿cómo pueden entenderse dos individuos si uno de ellos no puede extraer por ninguna vía lo que está en su cerebro y que pretende defender?

Si usted observa lo que sucede a su alrededor en muchas partes, tal parece que la gente en nuestros días solo está preparada para hablar y no para que le hablen, y cuando escuchan lo hacen solo para responder y no para entender.

De tal manera de la comunicación emergen contundentes resultados que en la mayoría de los casos dejan el asunto en peores situaciones, porque a falta de cordura y de consenso, el que primero pierde la paciencia se retira airado diciendo al aire lo que el otro no quiso escuchar.

Y así, mientras las culpas galopan en el viento los protagonistas salen con las mismas herramientas en busca de otro escoyo que probablemente tampoco puedan solucionar porque primero hay que entender que en la conversación pueden participar al menos dos pero con la premisa de que mientras uno habla el otro escucha para razonar lo que se dice y no para aplastar de inmediato la idea ajena.

Por favor, tengamos en cuenta que los seres humanos necesitamos de la buena comunicación tanto como del aire que respiramos. Si nuestra conversación se trastoca en conductas incoherentes haremos torbellinos de simples diferencias y sufriremos la fatiga de quedarnos con lo que tenemos que decir. 

 

 

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