Día Mundial del árbol, poesía y canción

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Hoy se celebra el Día Mundial del Árbol, tal designación obedece al acuerdo del Congreso Forestal Mundial celebrado en Roma en 1969.

No es secreto alguno la  importancia que tienen, más si deparamos sobre su compañía desde el principio de nuestra historia, de ahí que sus cuantiosos  beneficios testifican cuan esenciales resultan para la vida, purifican y humedecen el ambiente, proporcionan sombra, aportan sensación de frescura, producen alimentos y diversos recursos, pero además sirven de inspiración a poetas y cantores.

Para Silvio Rodríguez y su guitarra, dígase canción y poesía, corre la letra que bautiza y distingue al revelarnos que Estos árboles le dan albergue a la opinión desamparada que tan elocuentemente cultiva la anonimia donde la madera verde de la lluvia le brota en llamaradas por los dedos.”

Desde la eterna voz de Barbarito Diez llega esa pieza magistral de Eusebio Delfín, que habla del amor y la ternura impregnados al tronco de un árbol que es capaz de sentir tristeza y conmoverse ante el infortunio de una enamorada.

El poeta Antonio Machado desde sus versos reconoce en los árboles cierta complicidad y espacio de confidencias cuando dice:Y, en cordial semejanza,
buen árbol, quizá pronto te recuerde, cuando brote en mi vida una esperanza
que se parezca un poco a tu hoja verde…

También arropada de lo mítico llega el reconocimiento con la canción de Lino Fría,Mata Siguaraya, donde alude a sus poderes divinos de ese árbol que vive en los campos cubanos.

Sea este el Día Mundial del árbol, está bien, pero todos los del calendario son inmensamente válidos para distinguir y reconocer a quienes nos benefician, nos acompañan y son testigos incondicionales de nuestro paso por la vida.

Muchas veces caminamos, en esa manera apresurada que marca el latir de este tiempo y nuestra mirada se detiene en aquellos manchas que restan y nunca suman, rara vez precisamos en los árboles que habitan a nuestro alrededor, escasas veces deparamos en cuánta compañía nos han brindado, cuánto han sustentado nuestras vidas con sus frutos o su sombra.

Esa capacidad que tienen de ser testigos excepcionales de la unidad en la familia, ese árbol que aún vive en el patio, que ha visto crecer a diferentes generaciones, ha sido testigo de la tristeza por el viaje sin retorno de algunos, de la alegría por el nacimiento de otros, puede que aún esté ahí, con sobrados años para merecer un homenaje, porque son ellos y serán por siempre inspiración de aquellos que llevan luz en el alma y ternura en las extrañas.

No lo duden, los árboles merecen todos los días nuestro más sentido homenaje, ellos no claudican, son incondicionales amigos que desde el silencio siempre esperan más allá del límite del tiempo.

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