Del amor y otros demonios

Estos días de complejidades, de susto, humanismo y solidaridad me estremecen y a la vez me detienen en una reflexión que me acerca a Gabriel García Márquez, uno de mis escritores favoritos.

Y es que el novelista, me atrapó con uno de sus títulos más enigmáticos, Del amor y otros demonios, y aunque la trama del libro para nada se relaciona con el hecho que quiero comentarles, si su título me conmueve ante los días que corren, en el que el sentimiento más universal ha marcado espacios donde no han faltado los demonios que juegan al desamor.

El tornado del pasado 27 de enero, dejó las más amargas huellas en la capital cubana, destrucción, pérdida de vidas humanas, tristeza y una imagen que entristece.

A la par de este suceso, las redes sociales. Esos caminos tecnológicos que marcan la instantaneidad. Desde allí, llega el mensaje, la preocupación, las frases de solidaridad de diversos lugares del planeta de cubanos desde cualquier sitio de la geografía mundial y de amigos que sienten como propio nuestro problema.

También, con total desenfreno, los que marcan la diferencia. Esos que hurgan las manchas del Sol, que solo se detienen en ellas, porque resulta como un alimento imprescindible que lamentablemente al final genera desconcierto y odio.

De todo se ha visto en las redes, desde incongruencias que nadie entiende, hasta ligerezas y falsedades. Creo en el arte de la comunicación, en la capacidad que deben tener las personas para discrepar pero desde el respeto.

Lo triste de esta historia, además de las consecuencias del paso del tornado, es ese otro tornado creado por algunos, que desde la ansiedad desmedida por minimizar lo que hace el estado en favor de las personas afectadas, buscan equívocos, lunares, manchas para darle luz a la insidia.

Ambición de dimes y diretes, burda manera de algunos de multiplicar desde la desgracia el odio visceral que conmina y atenta como demonio contra ese sentimiento supremo que es el amor.

Mientras, la ayuda solidaria sigue su paso, de un lado la que propone el gobierno, para garantizar disciplina y organización, de otro, la que insiste en la espontaneidad, en ese afán apresurado de los cubanos por dar fe de sus sentimientos ya.

Cuba, este país amado por millones de seres humanos, hoy es blanco de los que irredentos de la mínima cordura insisten en castigar. Es tan obvio el odio que inunda sus entrañas que sobrepasa el impacto del tornado; el problema es decir por decir, avivar el desconcierto, sembrar la duda. Es el provecho de una situación para tirar los dardos a lo que representa la mayor de las Antillas.

Del amor y otros demonios, título de una novela del colombiano García Márquez, me atrapó desde su enigma para dilucidar sobre estos días que corren tras el tornado del pasado 27 de enero, una razón que demuestra que para estos tiempos de cólera los mejores antídotos son el amor y la unidad.

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