Cultura alimentaria, salud y oportunidades

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La cultura alimentaria resulta tan importante que influye directamente en  la calidad de vida y la salud de los seres que habitan el planeta.

Para los humanos la cultura alimentaria es determinante porque a través de ella las personas pueden regular los indicadores de salud en las diferentes etapas de la vida.

Si tomamos en cuenta el peso corporal podremos ver cuán necesario es mantener una norma adecuada al seleccionar los productos a incluir en nuestra dieta, de acuerdo al contenido de  fibra dietética, minerales, proteínas, vitaminas y otras sustancias presentes en los alimentos que ingerimos a diario. 

El control alimentario previene enfermedades tales como la obesidad que puede propiciar  la  diabetes y poner en grave peligro la vida de quienes la padecen.

Según el criterio de los especialistas a la obesidad contribuye entre otras causas el alto consumo de azúcares, ingerida a través de los dulces que engañosamente son saboreados con gran frecuencia en diferentes alimentos.

Desde una taza de café azucarada e ingerida con más frecuencia de la admitida durante una jornada, puede ser un elemento que altere los parámetros indicados.

Sumemos a eso el consumo de frutas con elevado nivel de azúcar, refrescos y otros bebestibles, aparte del excesivo consumo de pastas alimenticias ricas en carbohidrato, que incrementan el riesgo de obesidad y por ende el de contraer diabetes.

Desde tiempos remotos la experiencia acumulada y el desarrollo paulatino de la ciencia apuestan por una dieta balanceada y sobre todo abundante en vegetales de hojas verdes, frutas frescas y hortalizas, que contribuyen a sostener los indicadores de salud por las sustancias que las componen ya que, a la vez que sirven de alimento también ayudan a limpiar el organismo de tóxicos agresivos.

Sin embargo, en mi opinión, en la actualidad la cultura alimentaria atraviesa sus escollos  por diferentes razones, entre las que se encuentra el bajo conocimiento de los beneficios presentes en cada producto alimenticio, a pesar de la instrucción al alcance de los individuos, pues muchos siguen teorías desatinadas a la hora de confeccionar su dieta.

Por otro lado está el escaso cultivo o carencia total de muchas plantas en nuestros huertos, donde brillan por la ausencia especies de un significativo valor para  la dieta humana, razón suficiente para que las personas no tengan cultura de consumir esos vegetales que nunca pueden encontrar.

A todo lo anterior suele sumarse los altos precios  que deben enfrentar los consumidores en la mayoría de las latitudes del planeta debido a causas recurrentes.  

No obstante, sigue siendo útil seguir buscando ese balance recomendado, mientras se incrementan en las áreas productivas aquellos vegetales que no abundan en nuestra mesa y cuyo consumo no forma parte  de nuestra cultura alimentaria.

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