Cuando la música salva…

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Con frecuencia escucho a otros decir que vivimos de manera agitada y en ocasiones creo que nos dejamos llevar por la rutina, esa que culpa al tiempo porque casi nunca nos alcanza por esa carrera apretada que iniciamos con el amanecer y el primer café que colamos. 

Muchas veces en medio de esa carrera cotidiana me descubro ante un escenario ajeno pero que no deja de tener encantos, tal fue el suceso que me conmocionó el pasado domingo cuando camino al municipio Cotorro en uno de los carros que jocosamente llamamos aspirina, otrora parte de la Cooperativa Sueño Azul, hoy pertenecientes a la terminal de San José de las Lajas, conocí a dos personas espectaculares. 

Como siempre, urgida de llegar rápido a ese municipio cercano, una vez que empezó el viaje comenzaron a volar las ideas: tareas pendientes, el comentario que inicié la noche anterior y no concluí, el menú del almuerzo, par de llamadas a buenos amigos que son parte de esa familia elegida para siempre… 

Volaban mis ideas casi atropelladamente, porque por supuesto el tiempo corría, cuando me di cuenta que había salido de mi propio paraíso, (creado sabiamente cada vez que tengo que hacer ese tipo de viajes) cuando un dúo inusual irrumpió con todo un repertorio que incluía obras de Lecuona, pasaba por interpretaciones de la década prodigiosa y llegaba a lo más actual de la música cubana. 

Eran dos señores de unos 70 y pico de años, pero muy simpáticos. Ellos iban cantando. A nadie pidieron permiso. Desafinaban a más no poder. Algunos reían de su osadía, otros como yo, les contemplaban. 

Yo había interrumpido el vuelo de mis pensamientos, porque aunque trataba de seguir, era imposible, aquellos cantantes no se detenían y no daban créditos a las palabras de algunos que les invitaban a no estropear la música. 

Casi cuando llegamos a la parada final fue que dejaron de cantar y entre carcajadas dijeron:cantamos y ustedes no tuvieron que hablar del calor que es lo que todo el mundo habla, no tuvieron que hablar de cosas feas, se rieron, oyeron buena música y ojalá que hayan sido tan felices como nosotros. 

Fue entonces que me reí, pues yo también trataba de evadir la realidad e ignorar el calor, y ellos regalaron su alegría, su voz, y alguna manera de hacer o “estropear” la música, pero con una buena intención…esa fue la lección del día, “es importante tomar decisiones sabias para no dar espacio a las aflicciones y,  el tiempo puede volar, pero será más llevadero si sabemos encontrar la mejor melodía.

 

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