Cuando el decoro calza a los hombres

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mgonzalez@enet.cu 

El regreso de Fernando González a la Patria matizó al último día de febrero como histórico al marcar en el calendario la libertad del segundo de los cinco héroes cubanos prisioneros en cárceles estadounidenses.

Su aparición en la escalerilla del avión denotó la felicidad que se experimenta al estar de nuevo en casa tras 15 años, 5 meses y 5 días de inmerecido encierro, de injusto encarcelamiento que alimentó el odio de los que no perdonan a Cuba, de los que no desisten en su afán por arrodillar a la mayor de las Antillas.

Estar definitivamente en Cuba no es felicidad completa al decir de este cubano, que sabe será inmensa la dicha cuando Antonio, Gerardo y Ramón puedan estar en suelo patrio, hasta entonces continuarán todos los esfuerzos multiplicados para que la justicia haga suya toda la luz.

Emotivo resultó el encuentro entre Fernando y su madre. Ese instante, ese abrazo, ese mucho que decir, esas tantas noches de desvelo y esperanza. Ese mucho decoro. Ese gran amor que inspira, conmueve, anima, fortalece y forja me hizo recordar a José Martí: “La madre, esté lejos o cerca de nosotros, es el sostén de nuestras vidas.”

Los amantes de la paz y la justicia, las personas de buena voluntad,  sienten en sí mismas la alegría por el regreso a la patria de uno de sus héroes y continúan en ese reclamo cada vez mayor de libertad para Gerardo, Ramón y Antonio, con la certeza de que cuando el decoro calza a los hombres la justicia no debe ser ciega.

 

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