Crónica de una despedida

 La noticia de la muerte del líder histórico de la Revolución Cubana el 25 de noviembre del 2016 recorrió como pólvora las calles y avenidas de la naciente capital de Mayabeque. Un silencio estremecedor surcó las primeras horas del día siguiente, a medida que concientizábamos el fatídico suceso.

 

 

Tristeza, lagrimas, dolor manifiesto caracterizaron estas jornadas de duelo.

  

 

  

 

El pueblo acudió a rendir homenaje al Comandante en Jefe.  Estudiantes, trabajadores, amas de casa y jubilados formaron filas interminables ante los locales asignados en diferentes puntos del territorio donde  juramentaron cumplir con el Concepto de Revolución expresado por Fidel 1 de Mayo del 2001.

 

Un aire espeso de dolor revoloteaba por las calles, un grito desgarrador no contenido irrumpía en ocasiones en el momento exacto en que la tristeza por su partida física asomaba al pensamiento. 

Las primeras horas del 30 de noviembre recibieron la caravana que trasladaba los restos inmortales del líder cubano a la histórica ciudad de Santiago de Cuba; a las calles se volcó también su pueblo, que no se permitió faltar a la cita, para darle el último adiós.

 El pueblo cubano lloró a su líder, más allá del horizonte visualizó su partida y cortejó sus cenizas hasta su definitiva morada.

Justo en el aniversario 60 de la salida del yate Granma de Tuxpan México, Fidel se marchó a la eternidad y como en aquella ocasión los cubanos estuvieron al tanto de su travesía y acompañaron, una vez más, su paso siempre victorioso.

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