Cristian también quiere conocer a Fidel

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Y seguramente verás al presidente Raúl, le digo al niño de ocho años quien enseguida añade, _ “También quiero conocer a Fidel”.

Así confesaba uno de sus deseos más íntimos Cristian Torres Acosta, el delegado más joven de Mayabeque a la Asamblea Nacional de los Pioneros fijada del 15 al 17 de julio en La Habana.

A Cristian lo conocí cuando contaba casi seis años de edad y le faltaba poco para comenzar el primer grado en la escuela Primaria Rubén Martínez Villena del Consejo Popular de Caraballo, en Jaruco.

Llegué hasta él impulsada por la curiosidad pues, según su mamá, la Licenciada en Educación Mirelis Acosta, el niño en aquellos momentos ya dominaba la lectura, escribía su nombre, sabía hacer cálculos de suma y resta al nivel de un alumno de cuarto grado, en tanto leía números hasta de seis cifras.

Recuerdo que durante nuestra primera entrevista demostró con creces no solamente el desarrollo de esas habilidades, sino también sus conocimientos sobre Historia, Geografía y la actualidad noticiosa de Cuba y el mundo.

Cuando comenzó el primer grado fui a su escuela para ver qué tal le iba y conocer cómo se las arreglaba su maestra para trabajar con un estudiante que dominaba perfectamente el programa. Y por suerte, todo iba a pedir de boca.

Apenas comenzó el segundo grado regresé y comprobé satisfecha que Cristian continuaba progresando bien y rápido, pero por sobre todas las cosas con la inocencia y la alegría de la infancia intactas en sus ojos y en su carita. Era el mismo niño amable, tímido y bueno que conocí tiempo atrás.

Nuestro encuentro más reciente se produjo hace apenas unos días tras recibir la llamada de su mamá quien quiso compartir conmigo la feliz noticia: Cristian formaba parte de la Delegación de Mayabeque a la Asamblea Nacional de los Pioneros.

El único pionero Moncadista seleccionado para tan importante reunión es nuestro niño, me repetí emocionada, y sin pensarlo dos veces volví a su escuela de Caraballo donde me alegró verlo más crecido, pero igual de bueno y estudioso.

Traté inútilmente que me dijera por qué era el elegido entre cientos de pioneros moncadistas de toda la provincia, y desde su modestia me aseguró que no lo sabía. Pero en cambio, se entusiasmó mucho cuando habló de los paseos a Cárdenas, Varadero y otros sitios que conforman la hoja de ruta de los niños y niñas que participarán en la venidera reunión.

_ “Ya hice las pruebas de Lectura y Cálculo oral, Excelente en las dos”. Agregó, y su maestra Mirta Leal subrayó que Cristian es un niño con un alto potencial académico, que siempre tiene la respuesta para las preguntas más complejas y es capaz de disertar sobre los temas más diversos.

_ “Ya me leí un libro grande sobre los dinosaurios y también supe que están inventando unas jeringuillas sin agujas”. Me dijo, y al preguntarle acerca del futuro dio por sentado que sería médico, _ “Así podré ayudar a mucha gente”, auguró.

Sería absurdo afirmar que el talento, la sabiduría y la ternura que distinguen a Cristian Torres Acosta son fruto de la casualidad. Sus padres, una maestra y un contador fueron quienes descubrieron al año de nacido que el niño se inclinaba por los números y sin mucho esfuerzo le enseñaron en primer lugar, a contar hasta diez.

Luego comprobaron que era capaz de reproducir otros conceptos básicos de la realidad. Así que poco a poco y a través del juego incentivaron sus ansias de aprender. De modo, que cuando comenzó la vida escolar Cristian superaba ampliamente, en cuanto al desarrollo de habilidades y conocimientos, a niños que le doblaban la edad.

El colectivo pedagógico de la Primaria Rubén Martínez Villena enfrentó el desafío con astucia y el resultado es invaluable. Hoy Cristian es como una promesa para fundar el futuro hermoso al que aspiran las personas de bien de Cuba y del mundo, donde quiera que estén.

Este, mi buen amigo pequeño, es un niño que coge las lagartijas para ponerlas en el jardín, ayuda a sus compañeros de la escuela, le encanta leer y le apasiona el mundo de las matemáticas y otras ciencias.

La familia, el barrio y la escuela son el centro de su vida, pero ahora su corazoncito se agita al contar los días que faltan para la Asamblea Nacional donde vivirá las experiencias más hermosas de su vida como pionero, y quizás, quién sabe, también podría hacer realidad el sueño de conocer a Fidel.

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