Conductores que agreden el oído

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No les miento si digo que todavía me duelen los oídos, desde que ayer el claxon de un ómnibus ensordeció a todos en la calle, a la salida de Loma de Tierra, en el municipio habanero del Cotorro, donde concurrimos los habitantes de San José de las Lajas, hacia la capital cubana.

A esa hora la gente concentraba la atención en el esperado transporte, cuando de pronto un cornetazo descomunal explotó contra los oídos como una bomba y de inmediato activó el instinto de conservación de los presentes para evadir aquella barbaridad.

El chofer indolente no tuvo en cuenta a una anciana de más de 80 años, a las mujeres con niños de brazos, ni a las demás personas que merecen el respeto y tienen el derecho de andar por este país sin esas agresiones auditivas que bien pueden dejar sordo al tierno oído de un recién nacido.

Lamentablemente, las circunstancias no permitieron identificar al infractor, porque otros vehículos interfirieron la visibilidad y apenas vimos una guagua blanca con la parte trasera de un color oscuro.

Es frecuente encontrar choferes con esa manía de usar cláxones que emiten un ruido ensordecedor y lo usan indiscriminadamente con toda impunidad, porque en nuestro país no existe control sobre ese mal y hay que aceptarlo sin remedio, pues de lo contrario no abundaría este prototipo que por pura charlatanería compite con otros de su especie, cometiendo  un delito previsto en la ley 109. 

Estos bárbaros de la pista actúan como si el sentido de la vista le impidiera ver a sus víctimas; como si no oyeran su propio ruido. No perciben el mal sabor que deja su comportamiento; no asimilan que al decir de los cubanos esa actitud huele muy mal y tampoco son capaces de advertir su falta de tacto. Es, en fin, como si carecieran de los cinco sentidos en el momento de su acción.

Creo que debemos pensar si un sujeto así debe manejar un vehículo en la calle, donde los cinco sentidos son imprescindibles. Por eso considero que tales ejemplares merecen nuestro apoyo efectivo y que para comenzar una buena llamada de la tención y una advertencia con la debida bonificación, pudieran ayudarles, teniendo en cuenta que a pesar de su desatino, son adultos y si sacaron licencia, no deben ser analfabetos, ni tener problemas de salud mental.

La agresión sonora causa graves daños a la tranquilidad ciudadana y nadie tiene derecho a entorpecer la vida ajena con un claxon a todo dar, olvidando que la ley admite su uso solo para prevenir accidentes y adelantar a un vehículo, no para charlatanería sin sentido.

La lucha contra el ruido no es un asunto solo del 24 de abril, es de todos los días y de todos los humanos.

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