Clic a la vida en primer lugar (+Fotos)

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Estoy frente a él hace rato, pero no lo sabe. Tampoco advierte los colores y los sonidos del paisaje que pasan como una película a través de la ventanilla del ómnibus. Un hombre entrado en años hace un gesto que delata el cansancio, dos jóvenes se susurran frases de amor y una mujer agradece a otra por llevarle el bolso.

La vida está sucediendo a su alrededor, y el niño, de unos seis años de edad concentrado solamente en el celular, se la está perdiendo. Pero no está solo en el grupo de los hipnotizados por las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, esa pandemia ha tomado muchísimas mentes y cuerpos sin importar la edad, el sexo, el nivel de escolaridad.

¿Y puede ser peligroso para la salud humana el uso desproporcionado de la televisión, las computadoras y los dispositivos móviles como los celulares y las tabletas? ¿Debemos renunciar por completo a esa avalancha tecnológica que impone la vida moderna?

 

Hay que tener cuidado, advierten numerosos estudios acumulados sobre el tema en los últimos 40 años. El abuso de los medios antes señalados ocasiona obesidad, genera violencia y trastornos en la conducta.

Pero también impacta negativamente en el desarrollo emocional y cognitivo, sobre todo cuando el fenómeno ocurre en las primeras edades.

En la búsqueda de algunas respuestas contacté a la Máster en Psicología Clínica Aleida Meneses Heredia, Psiquiatra Infanto Juvenil del Centro Comunitario de Salud Mental del municipio de Playa, en La Habana. Cuando le pregunté si realmente como apuntan algunas investigaciones de otros países, son peores estudiantes aquellos niños que pasan más tiempo inmersos en las tecnologías dijo: 

“Es así porque las personas para poderse desarrollar tienen que pensar, y pensar requiere de una observación, de un razonamiento, de un proceso en el que requiere del lenguaje, ya sea oral, a través de la mímica o el lenguaje escrito. O sea tienes que interactuar para poder crear, recrear, imaginar. Ello conduce a la creatividad, de ahí que el individuo que pueda tener un óptimo desarrollo en esas esferas, tendrá mejores oportunidades para la competencia social”.

 

 

Acerca de la mala dosificación que hacen los padres del tiempo que pasan sus hijos menores de cinco años frente a la tele o atentos a otros dispositivos alertó: 

“Todos los excesos son malos. Los niños, no solo en esta edad, sino en todas las edades necesitan de contacto social para aprender a cómo relacionarse, a cómo ponerse en un momento determinado en el lugar del otro, a cómo satisfacer sus necesidades de la manera más factible. ¿Qué es lo que pasa? La familia cubana tiene muchos desafíos que enfrentar y los padres, a veces, se sienten un poco agobiados y entonces no dedican a los niños el tiempo que estos requieren. Entonces consideran que el niño es muy intranquilo y lo sientan frente al televisor sin tener en cuenta las consecuencias que esto puede traer”. 

De acuerdo a algunos expertos en la materia esa situación se asocia a la aparición cada vez más frecuente del espectro autista. Aleida Meneses coincide con esto.

“El niño muchas horas frente al televisor, en primer lugar, le puede afectar la vista por esa radiación mantenida, de acuerdo al lugar donde se siente y las condiciones de iluminación. Por otro lado, los niños menores de tres años están en una etapa de pre conceptos, quiere decir que todavía no tienen formado muchos conceptos sobre las cosas, y por ello pueden aprender de una manera distorsionada. Tampoco ejercitan el lenguaje, y el lenguaje es la envoltura del pensamiento, y por lo tanto adoptan posiciones pseudoautistas: son niños que tienen comportamientos similares a muñequitos que ellos ven, hablan parecido a los muñequitos y entonces tienen esas conductas estereotipadas, o son demasiado tranquilos o demasiado intranquilos, y hacen cosas parecidas a lo que ven”. 

En Cuba el tema acapara la atención de no pocos especialistas preocupados por la indiferencia de muchas familias respecto a la repercusión negativa que tiene el acceso inadecuado de los infantes a las tecnologías.

 

 

La doctora Tania Adriana Peón, máster en Psiquiatría social del Hospital Pedro Borrás Astorga de La Habana, quien lideró hace algunos años uno de los primeros estudios realizados en Cuba sobre el tema, explicó el vínculo espectro autista con este fenómeno.

 “El niño cuando está frente al televisor se anula su conducta exploratoria. Generalmente un niño busca, toca, tiene sensaciones, tropezó con una maruga, sintió un sonido, y así va teniendo fuentes de estimulación que las busca el propio niño, y algo que fue primero azaroso desarrolla la intencionalidad de repetirlo.

 Les puede llamar la atención el movimiento, los colores, obviamente, porque un niño menor de un año ve y escucha perfectamente, pero le hace un daño tremendo, no es un medio apropiado para esa edad”.

 Cuando yo entraba a su consulta salía una mamá con su niño menor de cinco años. Se trata de otra entre tantas historias que intentaba cambiar en aquellos días la joven especialista.

 “Este niño accedió a los servicios nuestros con poco más de dos años. Su mamá lo trajo preocupada porque su hijo no tenía ningún tipo de interacción social, no tenía desarrollado el lenguaje, tenía una conducta que nosotros llamamos estereotipada. Es decir, que repetía cosas sin sentido, daba carreras en la habitación sin sentido también, tenía un aleteo de las manos, desarrollaba una actividad giratoria alrededor de un objeto, por ejemplo de los muebles de la sala, y daba vueltas y vueltas, según su mamá”.

 “Él miraba los objetos con el rabito del ojo, una mirada periférica le decimos. Cuando le dabas un juguete como un carrito que cualquier niño lo rueda, este lo hacía girar y girar, o se detenía a observar detenidamente, no el juguete en su conjunto, sino una parte solamente”.

 “Detectamos que era evidente el poco contacto que tenía, incluso con su familia más cercana, y me refiero al contacto afectivo, besar, abrazar, y prácticamente ningún contacto visual. Y además, fuera del entorno de la casa podía irse con cualquiera, interpretaba que cualquier persona era conocida. Lo mismo era extremadamente afectuoso o rechazaba el cariño de los demás, lo cual también es anormal porque no son conductas propias de un niño con una socialización adecuada”.

 “En el proceso para conocer qué pudo pasar con este paciente para que adoptara esta conducta, y luego de todo un estudio desde el nacimiento hasta el momento que llegó a la consulta, supimos que desde los tres meses de vida estaba viendo televisión. Es decir que cuando ni siquiera sabía girar sobre su abdomen en la cuna, era puesto en un coche frente al televisor, con la falsa creencia que eso podía ayudarlo en su desarrollo y aprendizaje. Muchas de las madres que llegan hasta nosotros con este problema se echan a llorar cuando conocen el daño no intencionado que ocasionaron en sus hijos. La mamá de ese niño lloró mucho.”

 El incremento del espectro autista alarma también a los especialistas de San José de las Lajas. La Máster en Ciencias de la Educación y Especialista en Logopedia Mayra Perea Rondón del Centro de Diagnóstico y Orientación de la Dirección de Educación en San José de las Lajas, advirtió sobre el incremento de los casos con esas manifestaciones en los últimos años.

 

 

“Se están registrando muchísimos casos y más en este territorio respecto a otros de la provincia Mayabeque. En estudio se encuentran en la Comisión de Nuerodesarrollo de Güines cinco niños con diagnóstico definido, y tenemos en investigación alrededor de doce niños más de la edad prescolar y escolar, que tienen síntomas y comportamientos del espectro autista.

 Aunque no todos los expertos en el tema coinciden en la hipótesis de que el incremento del autismo es directamente proporcional al uso inadecuado de las nuevas tecnologías, numerosos estudios revelan como los trastornos en la conducta de muchos menores que pasan horas frente a la tele o atentos solamente a tabletas y celulares, están asociados a ese hábito, significó la especialista.

 “Se baja el nivel de socialización, se alteran los comportamientos y se afecta el desarrollo del lenguaje porque interactúan mucho tiempo con la televisión, la computadora, el celular, y es muy poca la relación con otras personas.”

 “Un niño sometido a muchas horas y días a una intensidad muy exagerada a la dependencia total de medios audiovisuales, y no corren, no manipulan juguetes, sencillamente cuando se los apagan se alteran, se ponen ansiosos, inquietos, irritables y hay muchos que manifiestan agresividad.”

 Mileidis Hernández, Jefa del Departamento de la Enseñanza Especial en Mayabeque coincidió con esos criterios, y apuntó preocupada que similar situación se da en los restantes municipios de la provincia.

 “En la mayoría de los niños que estudiamos observamos como el primer factor el abuso de las tecnologías. Y cuando analizamos el ambiente sociofamiliar detectamos muchas otras causas que provocan alteraciones en el comportamiento del niño, aunque no todas asociadas a la aparición de los síntomas del autismo.”.

“Las causas del autismo son motivo de estudio todavía en el mundo. Se manejan muchas hipótesis pero nada concluyente. Sin embargo, es un hecho que el uso excesivo de las tecnologías influye en la baja socialización, en las alteraciones del comportamiento y en el retraso del lenguaje, algo que estamos constatando alarmados.”

 “Muchos niños tienen serios problemas en el lenguaje, al punto que algunos no se comunican, casi no hablan, o se comunican más por señas, lo que nos preocupa muchísimo porque está relacionado al hecho que los padres tienen mucho tiempo a los niños desde las edades más tempranas frente al televisor.”

 “En mi opinión hay que rescatar los juegos tradicionales, la lectura de los libros de cuentos y otras actividades más sanas y útiles.”

 

Los adolescentes y los jóvenes también se encuentran presos de la fascinación que ejercen sobre ellos los teléfonos celulares, los videos juegos y otros medios portátiles. De ahí que Mayra Perea Rondón insistió en este llamado.

 “Este uso desproporcionado de las tecnologías en todas las edades es algo alarmante a nivel social”.

  “Cuando vamos lo mismo a un hospital o a cualquier lugar un lugar público nos damos cuenta de que todo el mundo está atento al celular, de ahí que la comunicación buena parte del tiempo se hacen hoy de manera digital.”

 “Nosotros criticamos y luchamos contra el vicio hacia las drogas y el alcoholismo, pero ya está evidenciándose en estudios internacionales que se está creando una dependencia de las tecnologías que causa problemas”.

 Este asunto tampoco pasó de largo para los pediatras de San José de las Lajas. Por ejemplo el Doctor Joaquín Ramón Lafont presentó en la Tercera Jornada de Pediatría de Mayabeque celebrada a fines de 2017, una investigación que reitera el asunto.

 Su estudio reveló que de 2008 a 2016 hubo un incremento alarmante de las consultas de Oftalmología de 500 a 4000. En tanto, los padecimientos más frecuentes fueron miopía, irritación de la córnea, visión borrosa y otros trastornos. Al profundizar en cada caso el trabajo arrojó que más de 60 por ciento de los menores encuestados veían la televisión y otros medios entre cinco y diez horas diarias y en el mes de 25 a 30 días.

 Niños y jóvenes menos inteligentes pero más distantes o violentos, es el saldo del abuso desmedido de las tecnologías. Así lo puso sobre el tapete un reporte técnico del Comité Consultivo Científico del Surgeon General’s de Estados Unidos publicado en 1972 bajo el título Televisión y Conducta Social, que reúne los resultados de 23 proyectos de investigación.

 Estos concluían que “había una relación causal entre: ver violencia en TV y la agresión en los jóvenes. Por otra parte se plantea que los niños pueden volverse apáticos ante la violencia de la vida real, después de observar violencia en un programa de TV.”

 El papel decisivo de la familia en el incremento del fenómeno se reveló en 1998 en otro estudio realizado por un grupo de especialistas del Hospital Militar “Dr. Carlos Arvelo”, en Caracas, venezuela.

 “Además de las motivaciones personales, podríamos agregar un factor situacional externo al niño: “el niño ve televisión porque le es impuesta por el medio, la ve porque no le queda otro remedio. Le es ofrecida en el ambiente del hogar y se le refuerza la conducta de contemplación por los padres. En muchos casos constituye la única compañía del niño y a veces se convierte en una especie de niñera. El ver TV es un hábito que se refuerza diariamente a través de gestos, sonrisas y aprobaciones verbales de los adultos”.

Esa misma publicación, por otro lado, subrayaba los beneficios que reporta la tecnología durante la infancia cuando esta es utilizada de manera proporcionada.

 “No obstante, los niños también pueden aprender de la TV muchos valores sociales, como cooperación y ser amables con los demás y aspectos relacionado con su escolaridad. De hecho en muchos niños “en desventaja” se recomienda 2 horas diarias de TV para de esta forma ayudar en el aprendizaje”.

 Hoy pueden consultarse decenas de investigaciones sobre el asunto y la mayoría sugerirá esta fórmula: mientras más tiempo permanezca el niños atento a las tecnologías sacará peores notas en la escuela, se relacionará menos con las demás personas, leerá menos, hará menos ejercicios físicos y correrá el riesgo de estar en sobrepeso.

 

   

De ahí que los consejos y las recomendaciones concuerdan en:

Escoger programas apropiados para el nivel de desarrollo del niño.

Poner límites a la cantidad de tiempo que pasan frente a la tele o con los dispositivos electrónicos. 

Apagar la televisión durante las horas de las comidas y del tiempo de estudio.    

Apagar los programas que no sean apropiados para su niño.

   

 

Está entonces en la voluntad individual, ayudar a que el primer clic se dé a la vida.

 

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