Che, sabía que ibas a volver

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Hoy nos asiste la tristeza por saber que hace 52 años le asechaba la muerte. Octubre llega y es imposible no detenernos ante el recuerdo del caballero gallardo, sin miedo y sin tacha. Como todas las cosas sublimes, la melancolía se torna universal y se aloja en millones de hombres y mujeres que aún lo recuerdan joven, valiente, solidario, capaz, inteligente.

Hoy nos asiste la tristeza y su ausencia demuestra su utilidad. En estos tiempos confusos, nos hubiera servido para aclarar ideas y enriquecer el corazón.

Este ocho de octubre es otro día más para advertir que nos hace falta el médico, periodista, economista y gran revolucionario. Pocas veces viven en un mismo corazón tantas virtudes y el deseo constante de sentirse Quijote.

Con solo 23 años salió a reconocer su continente. A explorarlo, a palpar las vivencias de los humildes. No necesitó más cómplices en un viaje que parecía incierto. Solo su motocicleta “Poderosa” y su amigo Alberto Granados eran suficientes para acompañar al justiciero, al internacionalista que le nacía por dentro.

Se le amó como vivió, con esa capacidad imperiosa de conquistar hasta con la mirada;  pero siempre con la convicción de que los actos marcarían el destino.

Más de un cubano sexagenario lo recuerda en aquellos días de lucha y de construcción de una mejor isla, con igualdad de oportunidades.

En varias ocasiones dio ejemplo de humildad y sencillez, y por eso, también se le venera.

Para los coterráneos de La Higuera allí murió un Dios más que un héroe. La tierra es fértil en un lugar tan árido por el abono que regó el Guerrillero.

El Che se multiplica en miles de jóvenes que siguen su ejemplo, y en los que también lo llevan  tatuado en su piel. Porque como dijo el escritor uruguayo Eduardo Galeano: ¿Por qué será que el Che tiene esta peligrosa costumbre de seguir naciendo?

Hoy nos asiste la tristeza al cumplirse 52 años del asecho de la muerte, solo que nos prohibimos desde entonces reconocerle muerto. No muere quien renace cada día y Ernesto Guevara de la Serna alumbra con su pensamiento inmortal, anima a no detener la marcha, inspira a la esperanza y por tanto, no tenemos otra opción que acudir al homenaje y seguir hasta la victoria siempre.

 

Che, sabía que ibas a volver
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