César Portillo de la Luz, por siempre eterno

César Portillo de la Luz y Michael García, realizador de Radio CamoaFoto: Michael García Pérez

Ha pasado el tiempo, es cierto, pero todavía me parece estar escuchando su agradable conversación. Era una tarde de invierno del año 2009, hacía mucho frío, y esto no impidió nuestro encuentro. Conversar sobre la cantautora Teresita Fernández fue el motivo que me llevó a conocer personalmente a quien se autotituló como “el perfecto desconocido”. Sin embargo, tengo que reconocer que estaba equivocado, pues César Portillo de la Luz es un nombre que ha traspasado las fronteras de Cuba para perdurar en el tiempo.

Fundador del feeling junto con José Antonio Méndez y otros compositores, nació en La Habana el 31 de octubre de 1922 e hizo del canto y la guitarra, sus mejores aliados. Nombres como los de Ñico Rojas, Elena Burke y José Antonio Méndez, aparecen ligados a este hombre que regaló a la cancionística nacional páginas emblemáticas como Contigo en la distancia y Tú mi delirio, que han recorrido los más disímiles lugares del planeta.

Al escuchar sus creaciones en las voces de grandes como Lucho Gatica, Pedro Vargas, Plácido Domingo, María Bethania, José José y Nat King Cole, cabría preguntase si este hombre que ofreció textos de alta elaboración poética y líneas melódicas de gran riqueza, podría llamarse “el perfecto desconocido”. Y es que no puede quedar en el anonimato quien ha convertido su vida en creación perenne y constante entrega al prójimo.

Todavía lo recuerdo esperándome en el portal de su casa, abrigado por el frío, pero con historias y valoraciones que se desprendían de una inteligencia que cautivaba y que me obsequió a través de un diálogo, que a pesar del tiempo, aún llevo conmigo. Su muerte ha calado profundamente mi ser y prefiero recordarlo ágil, versátil, comunicador, imperecedero…

Mis manos vuelven a sentir el apretón que las suyas le dieron en nuestra despedida, y su voz resuena con el eco de quienes nacen para vivir por siempre en nuestros recuerdos. Acudo a la memoria y sus palabras dibujan la silueta de ese ser que, tal vez sin sospecharlo, vivió para crecer y llegar con amor, a los sitios más insospechados.

Hoy la guitarra llora por la ausencia de sus caricias, y su pueblo lo siente más suyo; hoy vuelvo a recordarlo y se muestra por siempre eterno.

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