Celia, la vocación también se hereda

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La conozco bien, sé de su estirpe, por eso quizás no me sorprende la noticia. Acreedora del Premio Nacional a la Familia con Tradiciones Educativas es hoy la familia de Celia María Hernández Salgado, educadora de computación del círculo infantil “Dulce Sonrisa” de San José de las Lajas, capital mayabequense.

Fueron mis pequeños unos de esos tantos niños que gozaron del privilegio de conocerla y más que eso fueron testigos de la entrega de alguien que se bien lleva la vocación de educadora en la sangre.

Con sus más de 39 años de labor, Celia arrulla con la mocedad de su saber siempre actualizado, conquista con su ternura a los infantes a quienes les procura bienestarcon paciencia y amor de madre y en cuyas manos los pequeños saborean la gracia de instruir y educar de una grande de la pedagogía. 

Al mostrarme su árbol genealógico descubre con orgullo que más del 51 por ciento de su casta, remontándose a la época de sus bisabuelos (propietarios de tierras entregadas para el desarrollo local) directa o indirectamente han tenido que ver con esta hermosa tradición.

En cada rama cuelga el nombre de un primo, de un hermano o de algún ser querido con el comparte el goce de vivir para enseñar, profesión que al decir de José Martí… es obra de infinito amor.

Durante cinco generaciones la magia de la educación cual sortilegio del destino ha tocado con sumo cuidado las fibras del corazón de muchos miembros de esta familia

Colaboradores internacionalistas, alfabetizadores, educadoras de círculos infantiles y pedagogos con categoría científicas integran las ramas de este árbol de 17 lajeros que desde el mismo tronco, sienten la educación como parte de sus vidas, que  más allá de ser una profesión, es un legado de familia.

Por eso este 15 de mayo,“Día Internacional de la Familia”, ocasión  en que la  Asociación   Pedagogos de Cuba le entrega el Premio Nacional a la Familia con Tradiciones Educativas; aún contra natura y en contra también de las ya probadas teorías de la ciencia, se me antoja pensar Celia, que la vocación, también se hereda.

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