Celia, eternamente presente

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Es preciso hablar de Celia, esa mujer que sin mencionar sus apellidos todos identifican porque se inscribió como símbolo en la historia de Cuba, es preciso que las generaciones que se empinan hoy y las que llegarán después se acerquen a ella, a esas páginas de heroísmo y amor que escribió desde la mayor humildad y  a fuerza de corazón.

No sé cómo las generaciones venideras se acercarán a Celia, la mía y las que me preceden saben de una mujer afable e intrépida, sensible, justa, leal.

Las fotografías distinguen su nobleza, esa que sobresale en su rostro, donde puede o no estar la sonrisa, pero siempre la mirada infinita que alcanzaba el futuro.

De niña escuché anécdotas que atestiguaban la confianza en ella, no fueron pocos los que ante dificultades le escribían, y siempre había una respuesta, de ahí que algunos ante el primer tropiezo aseguraban que le harían una carta.

Celia fue un ser especial, martiana por vocación y fidelista desde el mismo momento que conoció al entonces joven Fidel, al que seguiría hasta el último de sus días.

Ternura y coraje arroparon a la manzanillera, que desafió peligros y sobre ellos esculpió arrojo que le valieron para apoyar a la Revolución en cuerpo y alma.

Quienes la conocieron abrigan recuerdos intactos de la heroína de la sierra y el llano, de la mujer que amó la naturaleza, los niños y la paz, de la que nunca abandonó sus raíces, de la que siempre insistió en hacer el bien.

Es preciso hablar de Celia, esa mujer que sin mencionar sus apellidos todos identifican porque se inscribió como símbolo en la historia de Cuba. Es preciso que las generaciones que se empinan hoy y las que llegarán después se acerquen a ella, a esas páginas de heroísmo y amor que escribió desde la mayor humildad y a fuerza de corazón.

Este día en que el calendario recuerda el 97 aniversario de su natalicio, me atrevo a asegurar en nombre de los nuevos que renacerá cada día en la medida que seamos capaces de sermejores personas, fieles, apasionadas, en esa justa medida que unamos la ternura y el decoro, la bondad y el valor.

Yo te saludo en nombre de los nuevos/dice el trovador: Los que no han de acusarte por amar/Los que amando contigo se hacen buenos/ Porque buena es, tu savia original.

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