Casas de niños sin amparo familiar: Más que segundas oportunidades

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 Tomado de Cubadebate

A sus 17 años, la joven Susana Torriente Thomas, confiesa tener dos grandes pasiones: ser agente de telecomunicaciones, profesión para la que se prepara en un curso auspiciado por la dirección territorial de ETECSA, y la familia, esa que la acogió desde los 13 años en la casa de niños sin amparo paternal.

Tímida al principio, Susana fue adaptándose a aquel nuevo ambiente, donde con los brazos abiertos y sin preguntas, recibió zapatos, ropa, cama, sombrilla y muestras de amor incondicional. Al poco tiempo ya ayudaba con la limpieza, la lavandería, la organización y cuidaba a los otros pequeños como hermanos, pues así se lo inculcaron sus tías, las cuidadoras del hogar.

Mientras estuvo interna para estudiar la especialidad de Belleza, ahí estuvieron sus guardianas, para dialogar en confianza, compartir en los 15 años, desfilar el primero de mayo, celebrar las graduaciones…en fin, crear lazos eternos.

Torriente Thomas, no es la única con una historia similar, pues en los más de 20 años de existencia que tienen estas instituciones, larga es la lista de huérfanos, abandonados, hijos de padres alcohólicos o de enfermos mentales, de presidiarios, que se han beneficiado con este servicio público.

Luces adentro

Hogar de Niños sin Amparo Familiar del Reparto Obrero, donde se estimula en los niños la responsabilidad, condición importante para incorporarse a la sociedad como adultos independientes. Foto: Leonel Escalona Furones/ Venceremos.

Los Hogares… regidos por el Decreto Ley 76, acogen a niños y jóvenes hasta 18 años, cuyas familias no pueden asumir la custodia, allí se les proporciona atención médica, alojamiento, alimentación, ropa y calzado.

En Guantánamo existen dos centros a donde van los niños luego de demostrarse que es imposible que los padres u otras familias les atiendan. La dirección provincial de Educación y el Consejo de Atención a menores, se encarga del proceso de ingreso que incluye chequeo médico acompañado del dialogo e investigaciones en la comunidad.

Nordis Rodríguez Creagh directora de la casa “Les inculcamos correctos valores éticos, además de orientarlos en la continuidad de estudios para ser hombres y mujeres de bien en el futuro”.Nordis Rodríguez Creagh directora de la casa del Reparto Obrero, que acoge a niños de entre tres y 17 años, explica que allí hay 12 internos, seis hembras y seis varones. El 100 por ciento de ellos está en centros de enseñanza especial, primaria, secundaria básica y politécnico, a quienes se les mantiene el seguimiento y la protección por parte de 25 trabajadores, entre ellos seis asistentes educativas, la directora, la trabajadora social, auxiliares de cocina y limpieza y trabajadores agrícolas.

“Tratamos de crear lo más cercano a un hogar normal donde realizan baño, comida y sueño, ven televisor, tienen juguetes y les inculcamos correctos valores éticos y hábitos alimenticios, de higiene, de colaboración con las tareas domésticas, además de orientarlos en la continuidad de estudios para ser hombres y mujeres de bien, obreros, profesionales” agrega la directivo.

Seis dormitorios, una sala para el estudio individual o colectivo, sala de computación con impresora y áreas para la realización de actividades deportivas, culturales o recreativas, así como de servicios se integran en el local donde cuentan con huerto de 2,5 hectáreas para el autoabastecimiento del hogar en viandas.

Además en dependencia de la enseñanza y la edad, reciben un estipendio de 10$, 15$ o 25$ para algunos de sus gastos personales. “Lo más importante es compensar la falta de familia y afecto, mediante la labor social que implica que los cuidadores asistan a las reuniones de padres, velen por la organización e higiene, apoyen la realización de tareas escolares, atienden las pertenencias de cada niño”, subraya Rodríguez Creagh.

A ello contribuye el apadrinamiento de organizaciones políticas o de masas, de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), el INDER y el MININT que planifican actividades los fines de semana, en las vacaciones y los días de cumpleaños, e igualmente entregan donaciones.

Estos centros son prioridad para el sistema de educación, a decir de Maritza Romero Martínez, metodóloga provincial de enseñanza especial, por ello se trabaja para la superación constante de estos trabajadores que deben formar la personalidad de los niños con actividades lúdicas, que mejoren el lenguaje y coordinen progresos intelectuales con físicos para la vida cotidiana.

Fuera de las Casas

Nordis Rodríguez Creagh directora de la casa “Les inculcamos correctos valores éticos, además de orientarlos en la continuidad de estudios para ser hombres y mujeres de bien en el futuro”. Foto: Leonel Escalona Furones/ Venceremos.

Estas moradas reflejan el esfuerzo que hace el Gobierno cubano por el cuidado y protección de menores. Así lo validan los resultados satisfactorios de las evaluaciones que realiza trimestralmente o cada mes, la Fiscalía en cumplimiento del artículo 25 de la Ley de este organismo en pos de proteger los derechos, bienes e intereses de los infantes”, asegura Carmen Sugrayes Ramos, fiscal del departamento de protección a la familia.

Mas la atención no termina ahí, el decreto ley 76 también estipula que “los órganos locales del poder popular deben disponer de casas o albergues colectivos para alojar a los jóvenes internados en centros docentes que hayan terminado estudios de nivel medio, que hayan cumplido el Servicio Militar Activo, o arriben a la edad laboral”.

Dicho mandato incluye además un periodo de seguimiento por dos años para ver qué hacen, si se incorporan a la vida de forma positiva y prestarle la ayuda o el consejo, necesarios en caso de ser posible.

Arismari Fabar Lescay, de 23 años forma parte de ese grupo de egresados, a quien el estado le otorgó, además del puesto laboral, casa con condiciones mínimas indispensables sanitarias, agua y electricidad, así como colchón, avituallamiento…algo que agradece la joven pues ya cuenta con algo propio.
Otro caso es el de Osmar Góngora Calvo, hoy padre de 30 años y casado en Caimanera, quien recuerda con agrado el tiempo en la casa de niños sin amparo familiar desde los cinco años, y cómo aun cuando cumplió 18 (entonces ya trabajaba, tenía hija y esposa) contó con el amparo del hogar por diez años, hasta que obtuvo la vivienda donde reside ahora.

Ambos hoy son entes activos de la sociedad, trabajan, crecen, aún bajo muchas carencias, pero al menos pueden vivir orgullosos de haber tenido un techo. Ellos son solo una representación de los guantanameros que han sido beneficiarios de estas instituciones, quienes junto a Susana, agradecen a la Revolución por ofrecerles más que una segunda oportunidad.

(Tomado de Venceremos)

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