Buena cosecha (II) Enma   

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El verano de 2016 fue sin dudas el más fértil para los árboles que Enma tiene en su patio. Las ramas cundidas de mangos parecían quebrarse en aquellos días por el peso de tantos frutos que compartió, como siempre, con los chiquillos y la gente del barrio.

Pero más prolífica que su cosecha de mangos fue el trabajo de esta mujer en el 2016. Master en Cultura Física comunitaria, Enma, de 46 años de edad vive y trabaja en la comunidad Valle del Perú de San José de las Lajas.

Su vida gira alrededor de tres mundos que supo construir a fuerza de entusiasmo y perseverancia durante más de 20 años a favor de los ancianos, los niños y los discapacitados.

El círculo de abuelos Sonriéndole a la vida le ocupa las mañanas de cada día. Una docena de mujeres que sobrepasan en su mayoría los 60 años de edad dejan a un lado las labores domésticas para mover el cuerpo al compás del ingenio y la ternura de Enma.

Ellas confiesan que en las horas que pasan juntas alivian las dolencias físicas que traen los años y el alma les queda limpia de tristezas y desesperanzas. Algunas veces disfrutan de excursiones y bajo el incentivo de su profe celebran cumpleaños y conmemoraciones de interés como la del 22 de diciembre Día del Educador.

En esa fecha reciente cantaron décimas, intercambiaron regalos y golosinas, y disfrutaron de lo lindo en la terraza de Enma, un espacio que sirve a muchos otros fines comunitarios.

Ese mismo lugar se llena de juguetes y resulta como una suerte de premio para los niños menores de cuatro años de edad vinculados al Programa Educa a tu hijo a los que dedica la jornada matutina de cada martes.

En su comunidad distante a más de una docena de kilómetros de la cabecera municipal el grupo que prohijó este año está conformado por doce pequeños de dos y tres años de edad que evolucionan bien rápido gracias a sus lecciones.

Unido al ejercicio físico les enseña a jugar, conversar y dibujar, al tiempo que los inicia en otras habilidades indispensables para una buena inserción en la escuela. Y son instantes tan útiles como hermosos significan las madres, las abuelas y los propios niños que ya reclaman a Enma.

Pero otro grupo de menores de cuatro años también la solicita y la espera dos veces en la semana en las escuelas Primarias Tamara Bunke y José Antonio Saco, ambas del Valle del Perú.

Con ellos concibió una tabla gimnástica que se llevó el reconocimiento en más de un certamen celebrado este año en San José de las lajas y en competiciones con otros grupos del Educa a tu hijo de Mayabeque.

En la hoja de ruta de esta profesora de Cultura Física se subraya una actividad que le ocupa varias jornadas cada semana y que, según ella, es lo más difícil de su cronograma sin dejar de ser hermoso.

Se trata de la labor en el Centro médico psicopedagógico de Mayabeque enclavado a poco más de un kilómetro de la comunidad Valle del Perú. Esa es la distancia que ella salva para llevarles un poco de amor y alegría a decenas de pacientes con discapacidades mentales.

Enma cuenta que son como niños grandes que la miran con el mismo cariño de un hijo a una madre, que la algarabía es grande cuando la avistan acercarse por la carretera y que siente al marcharse la misma satisfacción de quien ha plantado una flor o una semilla.

En las ferias deportivas comunitarias, y hasta en los cumpleaños y fiestas de quinceañeras su talento para hacer brillar cada acontecimiento con los más pequeños detalles, siempre es bienvenido.

Para cerrar el 2016 recibió el homenaje de la comunidad por el Día del Educador y también por los años que sirvió en la República Bolivariana de Venezuela donde, estoy segura, más de una madre, un niño, un enfermo y un discapacitado la recuerdan todavía y con amor.

 

 

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