Agorafobia

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La agorafobia es considerada la ansiedad por estar atrapado en situaciones o lugares sin vía de escape, en el caso de que surja angustia o en la evitación de dichas situaciones. Significa miedo a los espacios abiertos.

Es más corriente que el trastorno de angustia y afecta al 3,8% de las mujeres y al 1,8% de los hombres durante un período de 6 meses. La edad máxima de inicio es a los 20 años y pasados los 40, es inusual.

Surge tras una crisis de angustia y entre los síntomas y signos más frecuentes están la ansiedad anticipatoria, el deseo de evitar situaciones en las que una persona podría quedar atrapada sin una vía de salida airosa en caso de surgir ansiedad, tienen dificultades para hacer cola en un banco o en la caja de un supermercado, para  permanecer sentadas en el centro de un cine o un aula, para utilizar un medio de transporte público.

La persona simplemente se siente incómoda en esa situación y tal vez nunca llegue a tener un ataque de angustia o este surja más tarde.

La agorafobia a menudo interfiere en las actividades del individuo y cuando es suficientemente intensa puede hacer que la persona se quede recluida en su casa.

Sin tratamiento, la agorafobia suele cursar en altibajos en cuanto a su intensidad y puede llegar a desaparecer por sí sola, posiblemente porque la persona que la padece se aplica su propia forma de terapia conductual.

Si interfiere con la actividad del individuo, el tratamiento usualmente logra aliviar sustancialmente el malestar y la incapacitación. Puesto que las fobias conllevan una conducta evitativa, la terapia de exposición, una forma de terapia conductual, es el tratamiento de elección, con la estructura y el apoyo aportados por un médico, denominado proceso de habituación.

La terapia de exposición ayuda a más del 90% a quienes la siguen fielmente. Algunas personas pueden necesitar antidepresivos y en el caso del alcohol o las grandes dosis de benzodiacepinas, pueden interferir con la terapia conductual, de forma que habrá que ir reduciendo gradualmente el consumo y, a veces, interrumpirlo totalmente para que la terapia sea eficaz.

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