A dos años de tu extraña ausencia

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Corrieron dos años. En ellos tu huella. El tiempo marcó tu ausencia. Extraña ausencia que te hace visible. Y es que habitas en cada espacio que testifica tu obra.

Todavía como si fuera ayer recurre la noticia que anunció tu partida. Una mezcla extraña cercenó la naturaleza de aquella noche. Asombro. Duda. Tristeza. Finalmente, realidad.

Las imágenes están ahí, en ellas la inmensidad de tu pueblo. Más allá de los enemigos que vitorearon tu muerte, del estupor de aquellos que nunca perdonaron ni perdonarán tu rebeldía, una fuerza arrolladora de respeto y admiración invadió océanos y llegó a tierras lejanas para reverenciarte.

Corrieron dos años. Y todavía tu ausencia es extraña. No sé si preparaste a todos para ese momento, si enseñaste que la vida es un premio que inmortaliza a los que ponen el corazón al servicio de la humanidad o si sencillamente no te creemos muerto.

Corrieron dos años de aquellos días de sentidos homenajes. El pueblo que una vez te recibió en la caravana de la victoria, ahora estaba en la calle, con nuevos rostros, en aquella misma ruta que trajo para Cuba otro destino. Esta vez con un   involuntario adiós.

La vida continúa, nuevos amaneceres nos descubren al paso del tiempo haciéndote presente, y confieso, se me hace extraño el tributo como extraña es tu ausencia, y es que como nos enseñó el maestro: La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida.

 

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