A 65 años de La Historia me Absolverá

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Fidel y la historia me absolverá. Foto: Periódico 5 de septiembre
Fidel y la historia me absolverá. Foto: Periódico 5 de septiembre

El alegato La Historia me Absolverá cumple 65 años. La famosa pieza oratoria certifica la curiosa y simbólica coincidencia del número 26 en la existencia de su autor. El mismo Fidel comentó más de una vez esa misteriosa concurrencia numerológica: tenía 26 años aquel día de julio de 1953, y nació un día 13, la mitad de esa cifra. Y Batista dio el golpe de Estado en el 52, el doble de 26.

Como en El Presidio Político en Cuba, de José Martí, en las palabras de Fidel aquel 16 de octubre de 1953 transita sin falta la idea del bien, es decir, Dios para creyentes y no creyentes. El Salmo 26 de las sagradas escrituras cuenta del hombre que jamás se sienta junto a los impíos. Y en Hechos 26, Pablo asume su propia defensa ante Agripa.

Poco o nada importa que pretendidos críticos literarios al servicio del pensamiento hegemónico, quieran sacar a La Historia me Absolverá de las listas del testimonio y del post-testimonio. En el primer grupo, clasificaría como la voz indiscutible de quienes hasta ese momento se les negaba el derecho a expresarse.

El juicio contra él fue un claro ejemplo. Casi le niegan la posibilidad de ser juzgado, por el miedo pavoroso del régimen batistiano a las denuncias del abogado que pasa de acusado a acusador. Por eso, la audiencia fue en una pequeña salita del hospital civil “Saturnino Lora” de Santiago de Cuba, y no en el Palacio de Justicia, lejos de los medios previamente censurados y del oído del pueblo.

Pero si el post-testimonio resulta la palabra de los vencidos, La Historia me Absolverá se concibió tras un doloroso revés militar. Como líder de aquel movimiento, Fidel perdió a la mayoría de los valiosísimos cuadros con que contaba para echar a andar su proyecto de Revolución. El costo humano fue enorme, aunque el alegato signifique en sí mismo una brillante victoria política, de incalculable repercusión estratégica.

Nada escapó a la percepción del líder del movimiento: ni los crímenes tras los sucesos del 26 de julio de 1953, ni las irregularidades del proceso, ni la calumniosa campaña contra los revolucionarios, ni la crítica situación imperante en el país. Y reveló cómo se concibió el plan, sin decir, por supuesto, los nombres de participantes que no estaban ni muertos ni prisioneros.

Hasta adelante las medidas para un eventual triunfo. Nadie que leyera el documento podría sentirse sorprendido con lo ocurrido después de la extraordinaria victoria del primero de enero de 1959. Fidel se tomó el trabajo de reconstruir en prisión el alegato, de publicarlo y de difundirlo con la colaboración de sus compañeros y de sus compañeras de ideas, en las dificilísimas condiciones de la clandestinidad. No prometió otra cosa que no fuera la oportunidad de luchar hasta vencer o morir.

Por esas páginas transita sin falta el encanto seductor de Fidel. Hasta se habla de un soldado casi en éxtasis ante la palabra del joven abogado, que se le cae momentáneamente el fusil, culata en tierra, del cual se apoyaba.

El autor certifica definitivamente a la Revolución como fuente de derecho. Animan a Fidel las ideas de Martí, por supuesto, como igualmente aquellas percepciones de justicia de cualquier tiempo, defendidas en cualquier parte. Por Juan de Salisbury en el Libro de Hombre de Estado, por ejemplo, o por Juan Jacobo Rousseau en el imprescindible Contrato Social.

Para comprender la alborada de julio de 1953, La Historia me Absolverá supone el mejor registro documental. El valor histórico concilia profundidades y alturas con la calidad literaria. En la ética milenaria de Sócrates, en la conocida página de Dimitrov contra el fascismo, y en esta importante pieza de la jurisprudencia cubana, habría una conexión ejemplar con aquella idea fundadora del Maestro, de que un principio justo en una cueva puede más que un ejército.

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