Yo hablaba demasiado rápido y enredaba mis palabras en el viento y sus colores. Por eso las tres primeras preguntas que le lancé sirvieron solamente para que ella encogiera los hombros y arrugara el ceño.
Sus respuestas entrecortadas me invitaron a observarla con más detenimiento y entonces descubrí el dispositivo en su oído derecho. Segundos después estaba en la casa de sus abuelos maternos quienes me regalaron esta historia.
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Un espacio para el disfrute del teatro infantil, es la Casa de los Cuentos de